Muchas veces este blog ha mencionado la palabra “turistificar”. Pero como me lo hizo notar José en los comentarios de esta entrada, nunca había hecho un intento de definir el concepto. Consideren esto como un primer intento de definición; seguramente tendrá defectos que ustedes podrán ayudar a superar con sus comentarios y aportes.

Cuando hablamos de “turistificar”, nos estamos refiriendo al proceso por el cual se transforma un hecho histórico, social o cultural en un producto valioso al interior del mercado de viajes. Para ello, es necesario que ese “hecho” adquiera ciertas características que permitan comercializarlo. En primer lugar, se lo evalúa en tanto oportunidad de ganar dinero. Cuán lejos o cerca está de otros sitios, qué infraestructura tiene, cuánto tiempo tomaría su visita, son alguna de las variables. Si el hecho o lugar aparece como comercializable, entonces es hora de pasar a la segunda etapa, y configurar el espacio para permitir conocerlo en pocas horas o días mediante tours organizados o recorridos formalizados, que luego se promocionarán activamente. De esa manera, se podrá estructurar toda una cadena de ventas del lugar o hecho para que guías, hoteles, agencias de viajes, empresas de transporte, etc, puedan explotarlo.

Desde ya, existen visiones diferentes del proceso de “turistificación”. Por un lado, los que sostienen que allí hay una “falsificación” de las tradiciones e historia de los lugares turisticados, y que más bien se reemplaza eso por una versión groseramente simplificada. En el fondo, tal perspectiva es muy simplista, ya que presupone que hay “hechos verdaderos” que son reemplazados por otros “falsos”. Cualquier perspectiva constructivista rechazaría esta mirada demasiado poco comprensiva.

Pero desde el lado del campo turístico, también hay una mirada de “sentido común” por el cual la turistificación de un hecho o lugar no es parte de un proceso social e histórico, sino más bien un obvio desarrollo a partir de un estado de cosas en el mercado de viajes. O sea, conciben la “turistificación” como algo que debe darse sí o sí, y no como un proceso activo mediante el cual el Estado y el sector privado impulsan una progresiva adaptación del lugar a las necesidades del campo.

Anuncios