Nota antes de comenzar: lo escrito en esta entrada se basa en mis experiencias de viaje por Sudamérica. En algunos casos, hay elementos que se pueden aplicar a otros destinos, pero no puedo garantizarlo :).

¿Hay formas de ahorrar dinero en nuestros viajes, y de esa manera hacer un mayor recorrido con menos gastos? Aquí van algunas de prácticas habituales de muchos mochileros que han viajado por América Latina.

Dormir noche por medio en el micro. Las distancias entre ciudades en América Latina suelen ser bastante grandes, en muchos casos de 8 a más horas. Por ello, una de las formas de ahorrar dinero es sólo dormir en micros noche por medio. Obviamente, hay que tomar el bus a un horario tipo 10 de la noche, y aparecer en una nueva ciudad a las seis de la mañana (no antes, en lo posible). Lo malo: uno tiene que andar dando vuelta todo el día en otra ciudad, sin tener donde descansar un rato, o bañarse. Al menos en Bolivia, esto último no es tan problemático, ya que hay duchas (pagas, pero baratas) en todas las terminales de micros. Eso sí: no se pasen de ahorrativos, y pasen en un hotel al menos una noche por medio; de otra manera, a la semana estarán tan cansados que ya no disfrutarán nada. Por cierto, en Bolivia es posible regatear los boletos de los micros, en particular cuando no alcanzan los pasajeros para llenar un bus. En esos casos, se puede conseguir sustenciales rebajas.

Los hoteles más baratos están en las zonas cercanas a las terminales de trenes. En América Latina, los trenes han sido objeto de un largo proceso de desinversión, y de hecho han dejado de funcionar en muchos lugares. Pero aún en las zonas donde están las estaciones de tren (abandonadas o no) se ubican por lo general muchos hoteles y hospedajes, que por lo general se encuentran entre los más económicos de la ciudad. Desde ya, no busquen habitaciones con baño privado o simples, porque difícilmente ahorren gran cosa. Lo malo: no es raro que esas partes de las ciudades no sean muy seguras. Por cierto: en naciones como Bolivia y Perú el desarrollo del cámping es mìnimo, y no tiene mayor sentido llevar carpa. Además en lugares como en la sierra en las noches hace tanto frío que difícilmente les pueda gustar dormir a la intemperie.

Comer en la calle. OK, seguramente alguien atento al tema de la higiene y de la bromatología estaría muy en desacuerdo con este consejo, pero hay que reconocer que no hay nada más barato, al menos en América Latina, que comer en la calle. Por desgracia, no es nada raro que tal costumbre nos cause más de un problema estomacal, y que, en el caso de que realmente nos caiga mal, terminemos gastando más plata en remedios que en alimentos. Eso sin tener en cuenta que podemos pasar dos o tres días metidos en el baño.

Comprar en grupo. En particular en países como Bolivia, Perú y Ecuador, no es difícil regatear los precios de las artesanías. Pero para eso, es mucho mejor comprar en grupo, e ir regateando precio pieza por pieza, hasta luego obtener un descuento mayor por todo el paquete. Recuerden que el regateo es una relación social de vinculación entre el vendedor y el comprador, no una charla entre un estafador y su víctima. Lo aclaro porque me he cansado de ver turistas europeos gritarle a los vendedores “¡He dicho 20!!!!”, como si estuvieran ordenando el precio. Lo más gracioso es que a esos mismos turistas ya los deben haber esquilmado los taxistas y restaurantes, y no dijeron ni pío….

¿Más consejos? Pueden colaborar con sus comentarios.

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