Un reciente comunicado liberado por la Organización Mundial del Turismo (OMT) llama a usar al mercado turístico como una herramienta de lucha contra la pobreza. Para eso, proponen incentivar la creación de emprendimientos ligados con el tema a partir del otorgamiento de microcréditos, de incentivar la incorporación de las personas más pobres a la cadena de valor de la industria y liberalizar el intercambio turístico en el marco de las discusiones de la Organización Mundial del Comercio.

En cierta medida, podemos relacionar el discurso de “incluir a los pobres en el mercado turístico” a las estrategias de muchos actores gubernamentales del mercado turístico, que buscan marcar que el turismo debe ser promovido y en muchos casos subsidiado porque “el dinero que gastan los turistas nos beneficia a todos”. Pero, como enfatiza la OMT, las capas más pobres de la población siguen sin recibir mayores beneficios del turismo, ya que carecen de la capacidad de crear propuestas económicas atractivas alrededor de este mercado, y en muchos casos sólo pueden aprovechar los costados más oscuros del segmento de viajes, como la venta de drogas o la prostitución.

¿Serán los microcréditos una forma de incentivar la incorporación de los sectores más pobres dentro del mercado turístico? ¿O en realidad deberíamos hablar de fenómenos políticos y económicos mucho más amplios, y que concentran la casi totalidad de las ganancias por el turismo en las manos de sólo algunas clases sociales?

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