Primero la cita:

El dique de la calle 17 fue bombardeado por ingenieros del ejercito para salvar las propiedades inmobiliarias más valiosas de la ciudad.. para mantener el barrio Francés protegido, el ala nueve fue sacrificada.. la gente no habla por miedo … cada una de las personas que se encontraban cerca de allí escucharon las explosiones… ellos bombardearon siete veces. Esa es la razón por la cual no mantuvieron los diques… 20 pies de agua. Cocodrilos. La gente muere en el agua. Las atracciones turísticas tuvieron mayor prioridad que la misma gente. Violaron a una niña de 6 años … un chico de 9 años murió. Un hombre fue abatido en las duchas. No hay comida caliente. No hay ayuda para los ancianos.”

Testimonio de Clara Barthelemy, evacuada de New Orleans, publicadas en Boeing Boeing y traducidas por Antonio Delgado y Eduardo Arcos.

Hasta ahora, muchas veces hemos sostenido en este blog que los enclaves turísticos de las ciudades solían apropiarse de la mayor parte de la renta producida por el turismo en una determinada área urbana. Pero ahora parece que ya no es sólo dinero; parece que el mismo derecho a la supervivencia está más regida por el interés de preservar el turismo que por proteger las vidas humanas. Es duro leer cosas así: “La gente muere en el agua. Las atracciones turísticas tuvieron mayor prioridad que la misma gente”. Lo que el enclave representa, finalmente, aparece como más valioso que sus mismos habitantes; una conclusión que, claro está, provoca demasiada rabia, y mucha tristeza.

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