La contratapa de la edición de hoy del diario argentino Infobae -por desgracia, las notas que aparecen en el diario no se publican en la Web- habla sobre los buenos ingresos que dejará para la ciudad de Buenos Aires la realización del IV Congreso Mundial de Psicoterapeutas, que tendrá más de 5 mil asistentes de todo el mundo que soltarán más de 2 millones de dólares en gastos varios. Hasta aquí, todo suena muy lindo: si es tanto negocio traer congresos internacionales, entonces empecemos a proponer todos los que podamos.

Por desgracia, ese tipo de estrategia ya se le ocurrió a mucha gente. En Estados Unidos todas las grandes ciudades han construido enormes centros de convenciones para todo tipo de eventos. A mí me tocó conocer el de Denver; es verdaderamente enorme, y puede albergar varios eventos de grandes proporciones al mismo tiempo. Claro que como la competencia entre ciudades comenzó a crecer, aquellos organizadores de grandes congresos comenzaron a pensar: “si llevamos tanta gente y le hacemos ganar mucho dinero a las ciudades, ¿no sería justo más bien que las autoridades locales nos pagaran por hacer convenciones allí?”. Un ejemplo aparece citado por Dennis Judd en “Constructing The Tourist Bubble” en su libro The Tourist City. En 1993 la convención The Future Farmers of America, que tiene más de 28 mil asistentes, le exigió a la ciudad de Kansas, donde se hacía tradicionalmente, que si querían conservar el evento deberían pagar algo en efectivo y otro tanto en subsidios. Y ejemplos de estos debe haber mucho.

Volvamos al congreso de psicoterapeutas. ¿Tiene alguna ventaja Buenos Aires con respecto a otras ciudades? Claro: está muy barata con respecto a otros destinos. Y como tiene buena infraestructura turística, puede sacar provecho de ello. Que se vengan los congresos, entonces. Y si no, que otra ciudad ofrezca una buena devaluación de su moneda pronto.

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