Hay varias cosas que me gustan de Turismo Culinario (A Cook’s Tour, canal de cable Discovery Travel and Living). A diferencia de otros programa de cocina y viajes, en donde todo es deliiiiiiciousssssssssss, Tony Bourdain no tiene problemas en ser de lo más sincero. Si algo no le gusta, o le cae mal, lo dice. Montado sobre un ego de enorme tamaño, todo el programa gira alrededor de él, y lo más interesante es que termina siendo divertido. A pesar de que buena parte de las situaciones implican que lo vemos comiendo aquí y allá, hay algo en el ritmo de la narración que hace que no sea un largo y aburrido paseo por platos raros. Desde ya, el programa tiene un buen presupuesto, porque don Bourdain se la pasa viajando por todo el mundo, probando comidas de lo más extravagantes, como sardinas podridas o fugu.

Algo que se agradece: por lo general se abstiene de ese tradicional tópico de vincular comida con identidad. Es el viejo truco: dime que comes y te diré como eres. En el caso de Argentina, se la pasan haciendo ridículas relaciones entre el consumo de carne y su salvaje historia como país, o con la “pasión”. Bourdain es inteligente, y se abstiene por lo general de andar opinando boludeces. Incluso de vez en cuando se burla de sus propias formas etnocéntricas de ver lo real, como cuando prueba algún plato y dice “no diré que sabe a pollo”.

Más: los pequeños sketchs humorísticos que aparecen en el medio de los programas suelen ser realmente muy divertidos. No se dejen engañar: parece un programa hecho con dos cámaras y un viajero, pero en realidad tiene un evidente trabajo de postproducción.

Y más: a pesar de ser chef de un restaurant caro de New York, Bourdain es capaz de hablar muy bien de las hamburguesas, uno de los platos más deliciosos cuando uno tiene hambre. No, claro, de las hamburguesas de la empresa de los arcos dorados, sino de aquellas hechas de manera casera en muchos lugares del mundo.

Lo peorcito del programa es cuando deja de lado su feroz ironía y se pone un poco sentimentaloide, como cuando va a visitar su casa de la niñez a Francia. Mejor viaja por otros lugares, Tony.

Turismo Culinario es un programa muy recomendable. Aunque sea para odiar a Tony y su oportunidad de viajar por todos lados, mientras nosotros seguimos sedentariamente tirados delante del televisor.

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