“Lejos de ser nómades sin pertenencia a ningún lugar, más bien estamos atados a grados diferentes de negociación entre el “territorio? y las redes virtuales en las cuales estamos involucrados. Pero con una salvedad: no todos negociamos de la misma manera ni tenemos las mismas oportunidades de acceso a las nuevas tecnologías”. Escribí esto más de un año atrás. Ahora, me encuentro este artículo en Rizomas y veo, como en algunos comentarios, persiste la relación entre “viaje” y “nomadismo”. En realidad, si hay “viaje” es porque hay un punto de referencia inmóvil, sea este físico o simbólico. En las sociedades nómades no existía ninguna idea de “viaje”; lo que había era vida cotidiana, y movimientos destinados a garantizar la supervivencia.

Es justamente el paso hacia una sociedad marcada por el derecho a propiedad y por el derecho del Estado a controlar y vigilar sus fronteras lo que permite que aparezca la idea de “viaje”. ¿O qué sería del traslado moderno sin pasaportes, aduanas, sellos? En tanto el concepto de propiedad privada se institucionalizó, el nomadismo estuvo condenado. El derecho grupal de las comunidades de moverse de un lado a otro para garantizar su supervivencia -por ejemplo, buscar mejores pastos o zonas con más animales- fue crecientemente caracterizado como una conducta ilegal y sancionada por la autoridad. Esa capacidad “oposicional” del nomadismo ha quedado cada vez más perdida. Hoy se habla de “nomadismo” para referirse a viajeros frecuentes, o a grupos que construyen su identidad en una compleja relación entre nuevas tecnologías -por lo general a partir del uso de Internet- y territorios.

Antes que “nomadismo”, prefiero hablar de movilidad. En una era en donde el capital salta de un punto al otro del mundo gracias a las redes de comunicación, el vértigo del movimiento no puede ser asociado, sin más, a un concepto como el nomadismo, que aún hoy conserva un contenido oposicional que es imposible de tolerar por una sociedad que tiene sus bases en la conservación de la propiedad privada.

Seguramente “nomadismo” suena más romántico, más interesante. Pero una palabra como “movilidad” parece por ahora más precisa. Aunque en estos días me pondré a leer El Nomadismo. Vagabundeos Iniciáticos, de Michel Maffesoli, y seguramente habrá más tópicos para discutir.

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