“El carácter europeo de Buenos Aires llegó a asumir la estatura de un mito. Piedra de toque en la convicción acerca de la excepcionalidad de esta ciudad en el contexto latinoamericano o consigna para repudiar su interés manifiesto por el país y el continente que deja “a sus espaldas”, el carácter europeo de Buenos Aires había quedado, hasta hace poco tiempo, preservado en las principales representaciones de la ciudad, como si fuera un dato de la realidad cuya evidencia urbana, histórica o cultural no mereciese discusión”.

En “¿Buenos Aires Europea?”, un capítulo de Miradas sobre Buenos Aires. Historia cultural y crítica urbana, Adrián Gorelik aborda el siempre presente tema de la “europeidad” de Buenos Aires. Su intención, claro, es mostrar como esta representación, lleva largos años de decadencia, en particular frente a “norteamericanización” y “latinoamericanización” de la ciudad en las tres últimas décadas. Más allá de que todas las categorías esbozadas merecerían un análisis más detallado, la intención de esta anotación es contrastar dar cuenta como el “carácter indiscutible” de la “europeidad” de Buenos Aires ya es cuestionado en ámbitos que van más allá de lo académico. Como ya aparecía en el trabajo de Cecilia Palacios, en las guías turísticas europeas la descripción de Buenos Aires hace rato que ha dejado de lado la pura europeidad.

Más bien, la descripción de Buenos Aires es la descripción del fracaso de la construcción de una identidad. Esto es, el aspecto “europeo” que pretende tener la ciudad nunca logra concretarse del todo, de la misma manera en que los argentinos tampoco logran construirse del todo como “europeos”. La latinoamericanización de la ciudad, algo que en las guías remite siempre a un rasgo negativo, es parte del hecho de que el proyecto de Buenos Aires no ha tenido éxito. Esta correspondencia entre “arquitectura” e “identidad” no deja de ser interesante. La decadencia, por ejemplo, del centro “europeo” de la ciudad, como la Avenida de Mayo, es analizada como la decadencia económica de todo el país. Como si bastara con mirar apenas unas cuadras de Buenos Aires para dar cuenta de un estado y de un proyecto de Argentina.

Obviamente que todo esto no deja de ser una lectura política particular: la caída económica de la Argentina leída a partir de la decadencia de su “europeidad”. Como aparece en muchas guías de viajes, la mirada eurocéntrica se hace patente en esa correspondencia entre “latinoamericaneidad”, revestida de rasgos negativos, y las recurrentes crisis económicas. Como si otros detalles -el desigual intercambio comercial; el apoyo de los países centrales a los golpes de Estado en esta parte del mundo; el saqueo de las riquezas de América Latina ya desde la época de la conquista, la enorme ineficiencia del sistema político argentino, la falta de una estrategia local de desarrollo de la educación y la producción, etc- no fueran algunos detalles a tener en cuenta.

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