Hace un par de años, Gustavo Sotolano, que ahora anda por Italia, me regaló una foto que había tomado en Toledo, España. Allí se veía a un grupo de músicos peruanos tocando en una plaza. El problema era que estaban vestidos a la manera de indios apaches, con esos largos penachos de plumas en la cabeza, tal como aparecían retratados en las viejas películas de cowboys. Y parece que esa imagen no retrataba un hecho aislado, ya que en Cada Chango a su Mecate cuentan una situación similar, y publican una foto de uno de estos grupos.

Las cuestiones relacionadas con la identidad y la autenticidad están lejos de ser sencillas. Para poder parecer “auténticos”, muchos grupos sociales, en particular aquellos relacionados con el turismo étnico, tienden a representar un papel que los hace aparecer como “verdaderos” a los ojos de los turistas. Hace casi un año atrás, escribía en este blog: “Es obvio que incluso esto se puede poner en escena: diversas pequeñas poblaciones en América Latina saben perfectamente como presentarse en tanto auténticos frente a un auditorio de turistas, antropólogos y funcionarios de gobierno. Esto implica el uso estratégico de ropas, adornos y ambientes, preparados o conservados para esos visitantes, que entienden que lo auténtico es, justamente, sólo lo que ellos consideran auténtico”.

En el caso de estos músicos peruanos, hay una estrategia particular: presentarse en tanto “indios”. Alguien preguntará: ¿acaso es necesario hacerlo? ¿No es que en el mismo Perú, e incluso en el resto de América Latina, los “mestizos” suelen ser estigmatizados como “indios”? Al parecer, de acuerdo a su propia evaluación, en Europa esto no alcanza. Para poder ser reconocidos como tales, deben presentarse como indios, pero en la versión estadounidense. O sea: para que tu música aparezca como “auténtica música indígena”, lo mejor es presentarse como aquello que uno no es. En este caso, como un “indio apache”. Lo cual da por sentado que consideran que su público, realmente, es incapaz de distinguir, por desconocimiento o por imaginario, entre un indígena latinoamericano y otro estadounidense. Es una manera en la cual se ven claras las relaciones de dominación: soy “auténtico” en tanto los demás me asignen esa categoría; en este caso, la de “indígena”. Ya ven que, en muchos casos, “auténtico” no es, en absoluto, una categoría objetiva de descripción de lo real, sino el producto de un largo proceso histórico, en el que participan tanto la política como el cine.

Como sobre el tema de autenticidad he escrito mucho en este blog, si quieren saber más sobre el concepto pueden ver más en estos enlaces:

Acerca del concepto de autenticidad
Turismo y autenticidad II
Turismo y autenticidad III
La autenticidad como concepto explicativo (english version)
Fotografía y particularidades locales

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