Ya insistí muchas veces en este punto: cuando uno procede como analista, nunca puede asumir el punto de vista de los entrevistados. Que ellos asuman el mundo de una determinada manera y lo expliquen de cierta forma es el punto de arranque de un análisis, no todo el trabajo. Como planteaba Bruno Latour, como investigadores no debemos nunca describir a la tribu en el lenguaje de la tribu. O como decía Bourdieu: recuperar los sentidos comunes de los agentes es el primer paso, necesario, de toda investigación, pero en la segunda etapa hay que tomar distancia de esos discursos, objetivarlos.

¿A qué viene todo esto? Tomemos un caso: los turistas, en particular los viajeros y mochileros, afirman que viajan para conocer otras gentes, otras culturas. Pero como analizan Natalia Delfino y Germán Pikas en su tesina de licenciatura casi-a-punto-de-ser-entregada, a la hora de las entrevistas que realizaron en un hostel de Buenos Aires, la mayor parte de los viajeros reconocían que casi no habían hablado con ningún nativo, a excepción de aquellos que los atendían en el hostel o en otro tipo de servicios. En cierta medida, el viajero afirmaba viajar para conocer a otros, con los que finalmente no interactuaba. Esto no significa que mientan; simplemente, las representaciones sobre nuestras prácticas y nuestras prácticas en sí mismas no siempre son tan sencillas de hacer coincidir. Piensen aquí en lo que han hecho la primera vez que han visitado una ciudad. Salvo que en ella viva algún amigo, por lo general a quienes hemos conocido es, ante todo, a nuestros compañeros de hostel. Esto cambia, claro, en esas ciudades que uno visita una y otra vez, o en la que debe permanecer por trabajo.

Pero en el trabajo de Natalia y Germán si aparece un otro: los demás turistas. En medio de esas ciudades desconocidas, los viajeros entablan nuevas relaciones, pero por lo general con otros que comparten su condición. O sea, que como ellos se están moviendo sobre la ciudad, quieren conocerla, se acostumbran a pelear contra lo difícil que es trasladarse en esos terrenos desconocidos. En vez del nativo, hipotetizan Natalia y Germán, el otro es, justamente, otro turista.

Desde ya que lo planteado aquí es, más bien, una serie de hipótesis que funcionan muy bien en el caso del trabajo desarrollado por Natalia y Germán, que parte de un trabajo de campo y entrevistas en un hostel de Buenos Aires. Es interesante ver cuanta distancia a veces hay entre lo que creemos hacer -en este caso, conocer nuevas personas- y la práctica en sí -o sea, el no conocer a nativos sino, en el fondo, a más turistas. Sería interesante pensar como esto se relaciona con un campo tan complejo como el turismo, y como este tipo de hipótesis nos pueden permitir pensar en las estructuras de un campo como el del viaje, que a la vez está siempre en movimiento pero también bastante inmóvil.

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