Hace tiempo que venimos hablando sobre la política del estado peruano de transformar a Cusco en un lugar de turismo cada vez más exclusivo. La idea: reducir el impacto sobre el medio ambiente al limitar la cantidad de turistas, pero sin perder facturación. Para hacerlo simple: menos turistas que paguen más. Y la tendencia sigue con la presentación del Plan Maestro para la explotación de Machu Picchu. La idea es aumentar de 20 a 30 dólares el valor del ingreso a la ciudadela inca sólo para los turistas extranjeros. Supongo que los peruanos seguirán pagando 10 dólares, pero no podría confirmarlo.

En segundo lugar, el plan incluye instalar un museo en donde antes estaba el hotel para turistas, y terminar con el monopolio de los transportes para llegar hasta la zona. En la actualidad, hay dos monopolios. Para acceder hasta Aguas Calientes, la localidad más cercana a Machu Picchu sólo se puede llegar en tren. El mediocre servicio costaba 66 dólares ida y vuelta en el caso que se viajara desde Cusco -desde Ollantaytambo cuesta un poco menos- pero de acuerdo a algunos comentarios de lectores de este blog, el costo habría subido en los últimos días -si algún lector peruano puede confirmar o desmentir esto, lo agradecería. El segundo monopolio es el de los buses de Aguas Calientes a Machu Picchu; media hora de viaje cuestan 12 dólares, un precio demasiado alto para un trayecto tan corto. Al parecer las autoridades peruanas quieren, al menos en declaraciones, terminar con esos monopolios, pero no queda claro como piensan hacerlo.

Por cierto, la nota del diario limeño La República sobre el tema dice que “en 1992 fueron 9 mil los turistas que visitaron Machu Picchu. En 2002 fueron 150 mil los viajeros”. La comparación tiene un pequeño problema: en 1992 Perú aún tenía graves problemas con la actividad de Sendero Luminoso, cuya actividad recién comienza a decaer con la captura de su líder, Abimael Guzmán, en septiembre de 1992. No parece ser el mejor año para hacer la comparación con 2002.

Por cierto, el progresivo encarecimiento de Cusco lo terminará convirtiendo, casi irremediablemente, en un destino de turistas del “Primer Mundo”. Latinoamericanos e incluso peruanos están cada vez más lejos de poder conocer Machu Picchu.

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