Voy a decir algo escasamente novedoso para quienes siguen las tendencias del mercado turístico: en los próximos años, el crecimiento del market share de China y las naciones del Sudeste asiático en el mercado de viajes proseguirá creciendo de manera muy fuerte. Este crecimiento no se está dando sólo en el mercado turístico: en realidad, cada vez resuenan más fuerte los planteos académicos y teóricos que sostienen que China será la próxima potencia mundial, y que los días de la hegemonía estadounidense están contados. Siempre desconfié de ese tipo de visiones; la decadencia del imperio americano ha sido anunciada una y otra vez, y por ahora no se ha concretado en lo más mínimo. Pero tampoco podemos ignorar que el desempeño de las economías asiáticas es bastante superior que el del resto del mundo, lo cual va a tener consecuencias profundas en nuestro futuro. Parte de esta discusión se ve en el muy buen texto publicado en Cultural Revolution, y que retoma el texto que Giovanni Arrighi publicara en New Left Review, en la línea de The New Imperialism, el libro que David Harvey -muchas veces citado en este blog- publicara en octubre de 2003 (y que, para ser sinceros, no he leído). La hipótesis de Arrighi: la invasión a Irak y la actitud ofensiva de los Estados Unidos es una muestra de la crisis del país, que busca de todas maneras evitar perder peso en la escena mundial a manos de China. En cierta medida, se trata de un enfrentamiento eternamente diferido, que mostraría la pérdida de peso de la hegemonía estadounidense, que cada vez necesita más de la coerción directa para poder mantenerse. Tengo dudas de si esta situación es realmente nueva; al menos en América Latina, a los gobiernos estadounidenses no les tembló la mano a la hora de impulsar intervenciones directas mediante gobiernos autoritarios. Así que el tema de la coerción no es muy novedoso -aunque tal vez si lo sea en otras regiones del mundo.

Al menos desde Harvey, la actual crisis del “imperialismo norteamericano” también está ligada a las contradictorias relaciones entre la política de estado, basada en el espacio físico y en la lógica territorial de la acumulación de poder, y los procesos de acumulación económica del capitalismo, que más bien se despliegan en el tiempo y en el espacio de manera cada vez menos anclada en lo territorial.

Obviamente, estas especulaciones se apoyan en datos económicos muy concretos. Por ejemplo, que China concentra la tercera parte de todas las importaciones que se hacen en el mundo, e incluso ha superado a Japón en el tema del intercambio comercial con Estados Unidos. En el mercado turístico el papel de China aún no ha tenido todo el impacto que podría esperarse, pero su presencia será cada vez más importante. No sólo como destino sino también como país emisor de viajeros. Solamente piensen que si tan sólo 10% de la población china saliera de vacaciones fuera del país tendríamos 120 millones de turistas, un incremento muy importante si se tiene en cuenta que la cifra actual total supera en poco los 700 millones.

¿Será, entonces, que podremos hablar de un siglo chino? Seguramente, es demasiado temprano para ver como evoluciona el papel de China y Estados Unidos. Pero a la vez, no deja de ser preocupante por el papel que jugará en todo esto las libertades políticas y los derechos humanos, algo en lo que China no se destaca precisamente. Y que tampoco abunda en lugares como Irak, claro.

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