La semana pasada hablábamos de turistificar la pobreza, y ahora podemos dar un salto más allá. La muerte también es parte de esos procesos de estetización. Si la muerte del Papa ha provocado un sensible aumento de los precios de hoteles y restaurantes en Roma, ahora autoridades de Camboya han privatizado uno de los principales “campos de la muerte”, uno de los lugares en donde el Khmer Rouge asesinó casi dos millones de personas a través de un uso sistemático de la tortura. La noticia se puede leer en esta página. En el fondo, la novedad no sorprende tanto. Incluso en un marco muy respetuoso, hace rato que Auschwitz forma parte de los tours de visita a Polonia. El debate, claro, es bajo que condiciones ciertos lugares ligados históricamente con procesos de exterminio puede ser incorporados al campo turístico.

Por cierto, ya habíamos hablado de una temática muy cercana en la entrada que le dedicamos a la comercialización del Ground Zero, el sitio donde ocurrieron los atentados de 2001 en New York.

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