Hace un par de meses escribí unas cuantas entradas sobre Cusco y la política del Estado peruano de convertir a este lugar en un centro de turismo menos masivo y más exclusivo. La idea es combinar una política que proteja el medio ambiente con una suba de los precios, lo cual permita mantener la rentabilidad a pesar de la menor afluencia de turistas. Tal política privilegia a aquellas personas de mejores ingresos, y promete un panorama poco alentador para los latinoamericanos que quieran visitar Machu Picchu. Ahora, me parece interesante revisar las declaraciones que hace Pedro Pablo Kuczynski, el ministro de economía del Perú, al diario limeño El Comercio sobre el tema. Cito:

Periodista: Usted es de los que se da tiempo para salir a pasear por el país con la familia. ¿Alguna propuesta ha de tener para el turismo?
Sí. Siempre pensé que el Perú, que tiene una cultura y un sistema ambiental únicos, no puede tener un turismo masivo. Tiene que ser selectivo, de gente interesada en el ambiente, en la historia. Serán menos pero pagan más.

¿Acaso no sirve la promoción que generan los mochileros?
Yo estoy a favor de los mochileros que mañana serán los capitanes de la industria, pero por ahora no tienen billete. Aquí en La Turquesa un millonario dejaría una propina de 30 dólares. Un mochilero, si lo dejan abordar, quizá ofrecería un dólar.

¿Divisas selectivas?
Porque dejan mucho más. Pero de todas maneras hay que alentar a los mochileros porque son los empresarios y líderes de opinión del mañana. Todos tuvimos 20 años. Cuando yo era joven no tenía un centavo y pude estudiar con becas. Por eso creo que hay que ser tolerantes. Pero la estrategia de desarrollo turístico para abrir Kuélap o conservar Machu Picchu tiene que ser selectiva.”

Las declaraciones de Kuczynski reafirman buena parte de lo que ya escribí en la entrada que le dediqué a Cusco hace unos meses, y que van en una dirección clara: favorecer el turismo internacional con mayor capacidad de gasto. Siempre tuve una mirada muy crítica contra los sentidos comunes que creen que los viajeros de primera clase siempre gastan más que los mochileros. Una buena cantidad de estudios señala que en realidad los turistas que más gastan suelen dejar la mayor parte de su dinero en su país de origen y no en la nación que visita, un fenómeno conocido como leakage. La única manera, en realidad, de que el turismo de primera clase favorezca al país es logrando que usen aerolíneas, hoteles y servicios del país a visitar; en este caso, de bandera peruana. En Cusco esto se cumple a medias: las regulaciones dictadas por el gobierno han estimulado una demanda de guías, porteadores, etc. A la vez, los hoteles de la ciudad son en general de capitales nacionales. El tema es que de poco servirá que Cusco se transforme en una “ciudad exclusiva” si los visitantes extranjeros compran los tours y los pasajes de avión en sus países de origen.

Por el otro lado, me pregunto si el gobierno peruano cuenta con estadísticas que permitan analizar cual es el impacto de los mochileros sobre la economía de Cusco. Es sabido que este tipo de viajeros suele tener un consumo más alto de servicios locales, mientras los turistas de primera clase suelen demandar muchos productos importados o “world class”. Si el ministro de economía peruano sólo se basa en el tamaño de las propinas, no me parece muy serio. Ya habido otros intentos de crear destinos “first class” en otros lados. Por ejemplo, eso sucedió en Bali. Pero los intentos del gobierno chocaron con un punto: los habitantes locales también comenzaron a ofrecer servicios de alojamiento para aquellos que no podían albergarse en cadenas de cinco estrellas. ¿Acaso no creen que algo así pasará en Perú? Reconozco que hay una gran diferencia: en Cusco el Estado tiene una gran capacidad de regulación del mercado, en buena parte porque para llegar a Machu Picchu hay que usar servicios de transporte monopólicos, donde pueden cobrar lo que quieran por un servicio mediocre. Pero esa ventaja desaparece en destinos como la selva.

Igual es un tema apasionante para discutir. Y si piensan visitar Cusco en el futuro, vayan preparando la billetera.

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