Sentimientos y ciencias sociales: sobre la escasa necesidad del concepto de posturista

Primero, la cita: “La muerte de la fotografía es algo anunciado. Existe un sentimiento creciente de que estamos presenciando el nacimiento de una nueva era, la de la posfotografía”. A veces me pregunto como es que se validan datos en ciertos papers de ciencias sociales. ¿Cómo es que podemos afirmar que “existe un sentimiento creciente” entre una muestra que no definimos ni precisamos? Es interesante, pero muchas veces partimos de afirmaciones que no probamos ni fundamentamos, y para las que a veces incluso usamos palabras poco precisas. En este caso, “sentimiento”. Seguramente, si reviso mis papers también encontraré afirmaciones de este tipo. Aún así, siempre me ha parecido más interesante partir de prácticas, desde las declaraciones de los agentes, y luego analizar esos sentidos en relación con las estructuras que les permiten adquirir un significado relevante para nuestra vida cotidiana.

La “posfotografía” tiene un equivalente en el campo turístico, y es la figura del “posturismo”. Si el concepto de vacaciones largas ha comenzado a desaparecer en manos de la flexibilidad del mercado laboral; si ahora es posible tomarse descansos cortos en múltiples lugares y a veces combinados con viajes de trabajo; si ya no miramos los objetos turísticos con respeto sino con calculado cinismo e ironía; si los destinos ya nos parecen espectáculos antes que lugares históricos, entonces deberíamos hablar de una nueva etapa del turismo, a la que muchos llaman “posturismo”. O sea, la reformulación de este campo económico a manos de la economía posfordista.

El problema de los “pos” es que tienden a focalizar ciertos cambios como rupturas, más que como continuidades. Aún cuando podamos fundamentar la existencia de modificaciones en las formas de viajar en los últimos 25 años, no debemos perder de vista las relaciones sociales, políticas y económicas que subyacen a tales cambios. Y, por cierto, no deberíamos dar por descontado que nociones tales como “posfotografía” y “posturismo” son una de una obviedad tal que ni siquiera hay que fundamentar su existencia como marco de análisis. A mí sigue sin quedarme muy claro cual es la utilidad fundamental de conceptos como el de “posturista”. ¿Realmente estamos frente a una categoría tan diferente a la de turista?

Desde ya, soy consciente que por lo general el campo académico tiende a la política de la inflación de nuevos conceptos. El método: si logramos que nuestro nombre quede unido a un concepto determinado, entonces tendremos un interesante capital simbólico para explotar en el futuro. En en campo como el de las ciencias sociales, signado por las divisiones infinitas y los compartimentos estancos, semejante relación “autor – concepto” tiene una enorme relevancia. Así que no se sorprendan si todo el tiempo aparecen nuevas nociones; en el fondo, se tratan de estrategias para consolidar el capital simbólico, y rara vez son marcos epistemológicos nuevos.

Por cierto, la cita que abre esta entrada está tomada de “¿Nos seguirá conmoviendo una fotografía”, de Kevin Robbins. En español este texto se publicó en La imagen fotográfica en la era digital, Barcelona, Paidós, 1997

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