En mis anteriores viajes por Bolivia, Perú y Ecuador, el uso frecuente de buses y micros hizo que me viera la filmografía completa de Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal. Por alguna razón, quienes tienen la capacidad de elegir películas para pasar en el bus, optan por “alguna de acción” y eventualmente, en menor medida, películas de terror o infantiles. Mi esposa tiene la hipótesis de que siempre son hombres quienes eligen los filmes a pasar -¿los conductores del bus?-, y que eso explica el derroche de testosterona.

En este último viaje las cosas no cambiaron en la temática, pero ahora me pasaron una de Jackie Chan en el camino de Cusco a Lima -no recuerdo el nombre, pero era una boludez que mezclaba karate con chistes malos- y una de The Rock -vaya a saber como se llama en realidad este fulano-, que se llamaba algo así como El tesoro del Amazonas en la ruta Lima-Tacna. Este último filme se merece varios comentarios. Su guión era la misma cagada de siempre: un estadounidense super atlético va a buscar a un compatriota a la selva brasileña, donde un señor muy malo explota a los nativos y los hace buscar diamantes. A eso hay que sumarle un grupo guerrillero -no, no es Colombia, es Brasil, sí- y un tesoro que han dejado los indígenas varios siglos atrás: un gato de oro. No, no era un leopardo ni un puma. Sí, ya sé que antes de la llegada de los españoles, pero bueno… Era una película de The Rock. Patético es poco decir.

Antes, en la ruta Buenos Aires-Jujuy pasaron las tres primeras partes de Mi Pobre Angelito una detrás de otra… ¡De terror! Cuando iban a empezar a pasar la cuarta, la gente ya empezó a chiflar y optaron por guardar el DVD por ahí… Antes, habían pasado “una de acción” llamada The Tube. Creo que la película era coreana o algo así, pero pasaba en Tokio. Un grupo terrorista toma un subte y amenaza con volarlo si no le daban algo, que no recuerdo que era. Había políticos corruptos, un policía bueno y terroristas malos. Era como Máxima Velocidad pero bajo la tierra. Lo único novedoso es que al final el héroe moría. Pero en general, la película era muy mala.

La cuota de terror la cumplieron en el camino Cusco-Lima, donde pasaron la versión estadounidense de The Ring. Es floja, pero al lado de The Rock o Jackie Chan, se merece todos los premios. En la ruta Lima-Tacna también nos pasaron una de dibujos animados de un chanchito, que era insufrible. Lo más gracioso -o lo menos gracioso- es que en el micro, que iba lleno, había a lo sumo 2 (dos) niños. ¿Para que pasan entonces películas infantiles?

Que las películas que pasan en los buses latinoamericanos sean un espanto ya no es novedad para mí. En cierta medida, me he acostumbrado. Pero hay algunas cosas que han cambiado. Al parecer, Steven Seagal y Van Damme vienen en caída libre. Apenas si pasaron una película de éste último en el camino de regreso a Buenos Aires -la trama la situaba en una cárcel, pero no le di ni bola, y seguí leyendo un libro que había comprado en Perú. Me sorprendió que no exhibieran ninguna de Vin Diesel. Parece que aún no lo sumaron a la lista.

Viajar quince horas en un micro es muy aburrido, pero si a eso hay sumarle las películas que pasan… Mejor siempre tengan a mano un libro o su discman. Eso sí: para leer, mejor que sea de día, porque al 80% de los buses no le funcionan las luces de lectura.

Y bueno, si quieren viajar cómodos y con todo funcionando, viajen a Europa en un avión en primera clase, ¿no?

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