Mes: enero 2005

Tomar riesgos: más sobre Bolivia

Como contaba en una entrada anterior, la inestable situación política de Bolivia hace que en este momento no sea la mejor oportunidad para visitar esta hermosa nación. Cortes de ruta que pueden arruinar cualquier itinerario, […]

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Interés

La noche en que estaba por tomar el tren desde Ollantaytambo hacia Aguas Calientes, se nos acercó un niño de la zona para conversar. Nos llamó un poco la atención su actitud tan comunicativa, hasta […]

Puno

Convengamos que Puno ha tenido muy mala fama entre muchos mochileros. Que la ciudad no es muy linda, que es peligrosa, que hace un frío espantoso, que es complicado encontrar un hotel con agua caliente… […]

Cusco

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Es muy difícil hallar otro lugar en América Latina en donde el turismo tenga una presencia tan fuerte como en Cusco. Buena parte de la economía de esta ciudad se mueve alrededor de esta actividad, en particular en el casco urbano central. Claro, la cantidad de atractivos y la variedad de tours. Sin embargo, en los cinco años que pasaron desde mi visita anterior, muchas cosas han cambiado, y varias de ellas se han debido a políticas explícitas del gobierno peruano. Vamos por partes.

Cuando estuve aquí en 1999, hice el Camino del Inca. En ese momento, se podía ingresar con sólo pagar 17 dólares. No había más obligaciones, ni había que contratar nada extra. Ese valor incluía desde ya la entrada a Machu Picchu. Pero para ese entonces, las autoridades peruanas estaban preocupadas por la gran cantidad de personas que ingresaban diariamente, y el impacto ecológico tanto sobre el camino como sobre las ruinas arqueológicas. El estado peruano optó por elevar los precios de ingreso a la zona, y de esa manera subir la recaudación, subir la rentabilidad por turista y disminuir el número de ingresos, y de esa manera limitar el impacto sobre el medio ambiente.

Hoy, para hacer el Camino del Inca es obligatorio contratar un tour, que cuente con guía y porteadores para el equipaje. Como verán, esto genera más demanda de empleos. El problema es que esto eleva sustancialmente los costos, y desde ya son los turistas los que los pagan. Hoy, hacer el Camino del Inca sale, como barato y en temporada baja unos 145 dólares, y para eso hay que pelear el precio. Ese valor de 145 dólares NO INCLUYE el boleto de tren de regreso, por lo que hay que ir a Ollantaytambo a comprar el boleto. Pero aquí viene otra sorpresa: los boletos sólo se venden con tres días de anticipación. ¿Pero como podría comprarlo tres días antes, si el Camino del Inca tradicional dura cuatro días, y para ese momento estaré en plena caminata? Cómo verán, otro sutil diseño destinado a obligar a los turistas a adquirir el bolesto Backpacker común, que cuesta 33 dólares. Averiguen bien este detalle antes de adquirir el paquete; en todo caso, si realmente están muy justos de plata, consideren adquirir el recorrido de dos días del Camino del Inca, que cotiza 145 dólares con todo incluido. El precio normal del recorrido por cuatro días, con boletos de tren, es de 190 dólares.

El precio más habitual que pagan los viajeros que no hablan español -ya saben, en América Latina el turista que no habla español siempre paga de más- es de 290 dólares, valor que puede estirarse hasta los 600 dólares en temporada alta, como me manifestaron en el sitio oficial de información turística en Cusco.

Pero el aumento de precios no se queda allí. La entrada a Macchu Picchu cotiza hoy a 20 dólares -los peruanos pagan 10, y los estudiantes de cualquier lugar del mundo tienen descuento. El tren Backpacker para ir hasta las ruinas cuesta nada menos que 66 dólares ida y vuelta, a pesar de que su servicio es apenas mediocre y que no te sirven ni un vaso de agua. Supongo que mantener estas vías es bastante complicado por la geografía, pero me parece que el valor es un poco excesivo por un recorrido de cuatro horas. Si bien me parece perfecto que el estado peruano no ponga un sol para mantener este tren -no veo porqué debería usar el dinero de los impuestos para favorecer turistas extranjeros- también sería mejor que existiera una mejor relación calidad-precio. Por cierto: en el tren Backpacker no hay ningún descuento para turistas peruanos, que deben pagar lo mismo que cualquier viajero de Europa o Estados Unidos.

El Universal

En una nota publicada en la parte de Turismo del diario El Universal, de Caracas, Venezuela, recomiendan una serie de blogs sobre viajes, y listan este sitio como una de las opciones. Si bien la […]

Uros

Las islas artificiales de totora, que los uros han creado en el lago Titicaca y que mantienen desde hace varios siglos, son el destino obligatorio para todos los turistas que visitan Puno, en el sur […]

Tomar riesgos: a salir de Bolivia

Un lugar en el mundo

Uno de los tópicos más interesantes cuando nos vemos obligados a diferenciar entre el turista clásico y el turista viajero y/o mochilero es l riesgo. Mientras el primero espera mucha tranquilidad y seguridad, el segundo opta por resignar parte de ella en nombre de «conocer mejor» a los otros. El turista viajero, entonces, viaja de una ciudad a otra casi sin hacer reservaciones, comprando boletos de micros en el día, se arriesga a visitar lugares poco conocidos. Y simplemente estoy hablando de actitud, no estoy haciendo una apología de lo bueno que son los viajeros. Ya saben que me resisto a considerar que haya una ruptura completa entre las nociones de «viajero» y «turista», y mucho menos a hacer una descripción negativa per se del segundo.

Así que cuando viajamos mochila al hombro, la posibilidad de pasar por circunstancias complicadas no es rara. Más cuando nos encontramos en América Latina, donde la realidad a veces es tan volátil que sólo nos acostumbramos a que todo cambie todo el tiempo.

Cuando viajamos, tomar riesgos significa seguir adelante pase lo que pase. Eso puede terminar en consecuencias positivas, porque logramos seguir en la ruta, o negativas, cuando nos chocamos con circunstancias externas que nos dejan varados por una buena cantidad de días. El martes a la noche teníamos pasajes de Potosí a La Paz, pero no pudimos salir, debido a que en El Alto, la ciudad lindera con La Paz y por la que pasan todos los ingresos a la capital boliviana, los caminos estaban bloqueados por manifestantes. Éstos reclamaban por la rescisión del contrato con la empresa francesa que, bajo el nombre de Aguas del Illimani, gerenciaba la provisión de agua potable en El Alto y La Paz.

Potosí

Salir de Villazón no fue nada sencillo. No había manera de conseguir un boleto para Potosí, así que tuvimos que pasar la noche en Tupiza, una pequeña ciudad a dos horas de camino. La verdad […]