Blog de Viajes

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Si la realidad no se ajusta a mi teoría, entonces la realidad está mal.

Una de las cosas que más me interesa de la postura epistemológica de Pierre Bourdieu es aquella que nos previene del error macrosociológico. O sea, aplicar a lo real una lógica de análisis que excluye por defecto al analista. Un ejemplo muy típico de las ciencias de la comunicación ha sido durante mucho tiempo la postura por la cual la televisión y sus contenidos eran tan poderosos que dominaban por completo las ideas y pensamientos de los usuarios. Tal concepción fallaba en un punto: presuponía que cualquier persona podía ser dominada por la televisión, excepto el analista, que la tenía tan clara y era tan inteligente que lograba zafar de los efectos maléficos de la alguna vez llamada caja boba.

La obra de Bourdieu es muy consecuente en ese sentido, y sus herramientas de análisis de lo real y de las relaciones sociales siempre se pueden aplicar tanto a los agentes sociales como a los analistas mismos. Nociones como capital, habitus, campo, se pueden usar tanto para trabajar múltiples ámbitos de lo social, que pueden ir desde fenómenos masivos a la misma Universidad.

¿A qué viene todo esto? En los últimos días, me he cansado de leer acerca de la irrazonabilidad de la victoria de Bush en Estados Unidos. Cosas del tipo “los yanquis son unos ignorantes, como pueden votar por Bush” se pueden encontrar en más de un blog y sitio de Internet. En cierta medida, el analista aquí se posiciona como la fuente de toda visión razonable de lo real. Si los demás no la acatan, entonces son unos imbéciles.

Comprendo a todos aquellos que están profundamente decepcionados con la victoria de Bush, aunque por desgracia a mi me parecía el resultado más obvio. Entiendo la dificultad de comprender como se puede reelegir un presidente que lleva adelante una guerra contra otro país sólo para asegurarse negocios para los financistas de sus campañas políticas. O que debilita cada vez más las libertades civiles que en teoría siempre caracterizaron a los Estados Unidos. Pero esa concepción por la cual todos los demás son unos estúpidos porque “no se dan cuenta de lo obvio” es bastante terrible. Escudados tras la excusa de que “la gente es estúpida” nos olvidamos de demasiadas cosas. Por ejemplo, que existe un aparato de poder interesado en generar consenso alrededor de sus políticas económicas y represivas. O que la victoria de Bush no puede ser entendida, tan sólo, como una ráfaga del peor conservadurismo sino más bien como una lógica de tiempos largos.

¿En serio se piensan que la ofensiva contra los derechos de los homosexuales, la restricciones de las libertades públicas, el recorte de la asistencia a los más pobres, puede ser explicada sólo a partir de creer que todos los votantes de Bush son dementes conservadores e ignorantes? El hecho de que mucha gente no quiera más libertad sino más control y seguridad no es una cuestión de estupidez, sino que sólo puede ser comprendida como una forma de ver el mundo anclada en lógicas prácticas, en cosas que se hacen y “se ven” todos los días. Una cosa es que no nos guste, y otra que creamos, de manera torpe, que la única explicación sobre ese “conservadurismo” es que la gente no es tan inteligente como nosotros.

Quienes llevan adelante esta agenda conservadora de lo social no son precisamente estúpidos. Me parece que ya ha llegado la hora que nos dejemos de creer que los votantes de Bush lo votan porque no saben nada del mundo. Buena parte de ellos en realidad han decidido que su orden de prioridades, a la hora de votar, no son los mismos que los de buena parte del mundo e incluso de sus compatriotas.

Lo más preocupante de la reelección de Bush es que ha logrado sus objetivos de seguir en el poder con una estrategia muy clara: nada de concesiones. Cuanto mas atento a los family values, mejor para la mayor porción de su electorado. Esa es probablemente la lección más clara de su victoria. Aunque, claro, tampoco es tan nuevo: Ronald Reagan ya había logrado capitalizar esa misma política. Pero la impresión es que Bush lleva aún más allá esa lógica que cruza fervor religioso, crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, agresividad en el plano internacional contra los “enemigos de Estados Unidos” y defensa de los valores familiares. También hay que reconocer que una enorme porción de los estadounidenses no se siente en lo más mínimo atraída por ese discurso tan atento a la Biblia. En algunos estados, el Partido Republicano perdió por bastante. Así que también, necesariamente, no habría que meter todo en la misma bolsa.

Se vienen años muy duros y difíciles, en los que habrá que estar muy alerta sobre nuestros derechos individuales. Lo peor que podemos hacer es rendirnos frente a la excusa de que “la gente es estúpida y como no es tan inteligente como nosotros, no ve la verdadera realidad”. Mal que nos pese, no nos queda otra que intentar ser más inteligentes y perseverantes. Algunas peleas son demasiado importantes como para creer que una derrota transitoria ha terminado con nuestro futuro. .

Actualización: un par de horas después de publicar esta entrada, me encontré con un interesante artículo en Kottke.org, donde Jason Kottke plantea: “I can’t count how many times in the last two days I’ve heard self-righteous “liberals” call the entire middle of the country “stupid”. Kerry voters, we need to get over ourselves…we’re not special. We’re not informed by some superior intelligence that gives us a unique insight into how the world should work”. Vale la pena leer la entrada completa.

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