Hay un tipo de mochileros y viajeros muy particulares. Son aquellos que, por ejemplo desde mi país, Argentina, salen a recorrer América Latina con muy poca plata, y se la pasan quejándose de que “todo es una mierda“. Los trenes son feos, la gente huele mal, la cerveza está caliente / es fea, los hoteles son una ruina, las rutas son un desastre, etc. La lista de quejas es absolutamente interminable. Más de uno se habrá encontrado con esos especímenes en pleno viaje. A mí me tocó muchas veces escucharlos. Y cuando eran argentinos -la verdad es que me pasó varias veces que mis compatriotas me dieran verguenza- huía como peste. A veces me daban ganas de decirles “¿por qué no te tomaste un vuelo en primera clase en Air France con destino a París, si todo te parece una mierda?“. Claro, me dirían que no tenían un peso. Entonces, muchachos, no se quejen: quédense en casa viendo Videomatch. Viajan barato y encima protestan como si pagaran una fortuna.

No se trata, claro, de ser intolerantes con la crítica, sino más bien de no ceder frente a ciertos sentidos comunes que naturalizan el racismo. Que son, claro, los de aquellos que ponen a su ciudad o tu país -no importa donde quede- como el parámetro desde donde se mide “la normalidad”. Nada más ridículo que aquel que viaja sólo para confirmar lo que ya sabía: que su lugar de residencia es mejor, que el sentido común es propiedad de sus compatriotas, que ciertas cosas que en su país “no pasarían”.

Háganle un favor al resto de los viajeros y mochileros del mundo: quédense en casa. No van a molestar a nadie si se quedan en casa viendo televisión.

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