Una de las cosas más interesantes de nuestras asunciones de sentido común se dan en aquellas situaciones en las cuales las expresamos como sensaciones y no como ideas. Un ejemplo interesante es el tema de las comidas, algo de lo que hablamos en entradas anteriores (por ejemplo, aquí). Tomemos el caso del cuy o cuis, un tema recurrente en este blog. El hecho de que mucha gente no lo quiera comer -en particular por su aspecto de roedor- no se expresa en una idea estructurada -del tipo, “no lo como por que soy vegetariano” o cosas así. Más bien se manifiesta como asco; esto es, como una sensación físico intraducible en palabras, y que en términos de sentido común se entiende como un algo natural.

Desde ya que esta sensación de asco está lejos de ser natural, en tanto cada grupo social o “cultura” -esa palabra tan commoditizada– clasifica lo comestible de maneras diferentes. Pero no deja de ser interesante como somatizamos lo cultural de tal manera que el rechazo de ciertos tipos de comidas termina apareciendo, ante todo, como una sensación linguísticamente no expresable, que tiende a ser interpretada como la manera “más normal” de reacciones frente a ciertos alimentos.

Que la carne del cuis sea deliciosa, muy blanca, o cercana a otras que se comen habitualmente en otros lugares de América Latina -como el pollo- no importa demasiado. Lo que se impone es el aspecto de la comida. Este punto se puede aplicar a otros platos muy tradicionales en América Latina, como el rostro asado en Oruro, las hormigas en Colombia, la carne de mono y los gusanos en ciertas zonas de la selva peruana. Sientánse libres de agregar otros platos que conozcan en los comentarios.

En el caso del cuy, hay otras cosas para agregar, como el hecho de que en la sierra peruana no sólo es considerado un plato delicioso, sino que por lo general se reserva su consumo para celebraciones importantes para el grupo familiar. Que lejos que está dicha concepción de lo especial de cuy, frente a las reacciones de asco de aquellos que ni locos probarían su carne, aunque en sus casas se atraganten con pollo y lindos asados.

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