Los análisis que se hacen sobre el turismo, al menos desde el campo de las ciencias sociales, suelen tener un punto bastante transitado: el que establece relaciones entre las formas en las cuales la modernidad colonizó la vida cotidiana al establecer áreas de especialización claramente diferenciadas. Así, se separó el trabajo del ocio, tanto en tiempo como en espacio. El período de ocio y vacaciones se reservaba para una época del año -el verano- y en lugares claramente establecidos. Para los agentes sociales, ambas experiencias se encontraban claramente escindidas, y las tareas y actividades que se desarrollaban en cada espacio y tiempo diferían sustancialmente.

Ese modelo ha ido en decadencia de la mano del proceso de desdiferenciación que estamos viviendo. Progresivamente, las áreas del conocimiento que en la modernidad y el fordismo se encontraban claramente separados, han tendido a mezclarse y vincularse. Los procesos de flexibilización laboral y las nuevas formas de especialización llevan a que los empleados se tomen vacaciones en cualquier momento, y deban cumplir una función multitareas. De la misma forma, los espacios turísticos cada vez conviven más con aquellos destinados a las tareas de todos los días. Los turistas transitan los mismos espacios que los trabajadores y empleados.

De todas maneras, hay que intentar no ser demasiado rotundo en estas apreciaciones. Una cosa es que la teoría social haya enfatizado cada vez más el tema de la desdiferenciación, y otra que estos procesos sean estrictamente nuevos. París, por tomar un caso, siempre fue una ciudad en donde los aspectos cotidianos y de turismo siempre convivieron. Pero a pesar de ello, sí podemos observar una profundización cualitativa de ese proceso en los últimos 25 años. Parte de este proceso de “turistificación” de los espacios de la ciudad va de la mano de las estrategias de recuperación de ciertas partes de los cascos urbanos, con el impulso a la creación de barrios especializados en gastronomía o diversión, una tendencia ya muy marcado en la última década -y que en Buenos Aires tiene como principales exponentes a zonas como Las Cañitas o Palermo Hollywood.

También, por cierto, hay relaciones muy interesantes para hacer entre la creciente movilidad del capital y la producción -con la tercerización de la actividad manufacturera hacia lugares como China- y los procesos de cambios y reconversión al turismo de las ex ciudades industriales -tema que ya tocamos en esta y esta entrada.

Como verán, el tema de la relación entre cambios en la concepción del espacio, el tiempo y la producción en el fordismo y posfordismo puede ser vinculado con los cambios generales en el mercado turístico. Pero como es un tema complejo y bastante extenso, lo seguiremos desarrollando a lo largo de esta semana y en próximas entradas.

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