Hoy me llegó un mensaje a través de la lista de iGUST, de turismo y geografía, sobre el comienzo de un trabajo de investigación sobre las relaciones entre turismo y pobreza, que está conduciendo Regina Scheyvens en la Massey University de Nueva Zelanda. Básicamente, el interés se concentra en el tema del pro-poor tourism, o los tours que ofrecen a habitantes del Primer Mundo un paseo por diversos países, en donde entren en contacto de manera directa con entornos en donde vivan personas pobres. Mejor lean la presentación en el e-mail, donde describen que es lo que buscan analizar y los trabajos que están interesados en recibir: “I am keen to organise a session which includes both conceptual pieces on poverty and tourism and case studies (e.g. favela or ghetto tours; justice tours involving development work). There is poverty throughout the world, so contributions need not to be limited to those working on ‘third world’ issues”.

Ya hace unos meses algunos medios argentinos habían cubierto el caso de lo que llamaban turismo piquetero. Básicamente, narraban como algunos jóvenes europeos vivían un tiempo junto a alguna familia integrante de una organización de piqueteros, participaba de las marchas y vivía el día a día de ser parte, de manera transitoria, de las protestas por el desempleo que actualmente se desarrollan en Argentina. Seguramente debe haber muchas otras experiencias sobre el tema; si alguien conoce algún antecedente más, puede dejarlo en los comentarios.

Ya hemos hablado, largamente, del problema de qué cosas pueden ser turistificadas. La tragedia, los paisajes, la historia, e incluso la pobreza -algo que pocos hubieran creído- pueden ser turistificadas en nombre de la búsqueda de una experiencia auténtica en el contacto con los otros. Para los que somos muy escépticos con esta búsqueda de la autenticidad -no porque creamos que todo es falso sino porque entendemos que antes que algo auténtico existen prácticas y formas diferentes de escenificarla y vivirla- más bien el punto interesante está en como se puede estetizar incluso la vida en pobreza. Es obvio que incluso esto se puede poner en escena: diversas pequeñas poblaciones en América Latina saben perfectamente como presentarse en tanto auténticos frente a un auditorio de turistas, antropólogos y funcionarios de gobierno. Esto implica el uso estratégico de ropas, adornos y ambientes, preparados o conservados para esos visitantes, que entienden que lo auténtico es, justamente, sólo lo que ellos consideran auténtico. Lo más gracioso es que algunos después se quejan que vieron apenas un espectáculo.

Antes que estetizarla, la pobreza debería ser solucionada. Claro que eso es algo que todos sabemos. Mientras tanto, algunos simplemente optan por escenificarla en términos turistificados. Y la verdad, no está nada mal investigar cuáles son las estrategias discursivas que se usan para armar y rearmar esas representaciones.

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