La autoridad del viajero

¿Por qué aquel que viaja a un lugar tiene una cierta “autoridad” enunciativa para hablar sobre destino? Por lo general, esa autoridad se plasma en términos de sentido común con la frase “¿me vas a decir a mí, que estuve ahí?”. Ese “estar allí” es lo que define esa presunta superioridad del relato del viajero / turista por sobre aquél que sólo conoce de un lugar lo que ha visto por televisión o leído en los diarios.

Siempre me ha fascinado lo fácil que es establecer ese sentido común del “haber estado ahí”. La cuestión no es tan simple: la relación entre texto y experiencia es notablemente compleja como para que creer que la mera presencia en un lugar asegura un discurso más adecuado sobre un lugar. A veces, obviamos algunos detalles importantes de esa estancia. Por ejemplo, que hablamos de lugares en los que hemos permanecido uno o dos días -y a veces apenas horas, que en algún caso hemos pasado exclusivamente en una terminal de micros o un aeropuerto. Siempre me pareció un error que un discurso sobre una ciudad estaba determinado por la autoridad de la “experiencia” (el haber estado allí) o por las representaciones surgidas de textos diversos, mediáticos o no (el clásico problemas de las teorías como los “no lugares” o “el simulacro”).

El problema no es sólo el relato, el discurso; la relación entre texto y experiencia necesita de marcos en los cuales insertarse (eso que algunos llaman “contexto”). Es necesario conectar toda descripciòn del mundo con las estructuras que le dan sentido, con representaciones e imaginarios previos.

Ya ven porqué no doy por sentado que “el haber estado allí” resuelve todo conflicto acerca de la autoridad de un discurso. En tanto tengo en claro cuales son muchas veces las prácticas cotidianas de los turistas en los lugares que visitan, tiendo a desconfiar de los discursos que producen. Me parece muy complejo hablar sobre las características de una ciudad cuando, a veces, ni siquiera han hablado con un nativo o habitante del lugar que no sea un trabajador a su servicio (o sea, el personal del hotel o de los restaurantes).

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