Blog de Viajes

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Traslado y velocidad

Dice Faustino F. Álvarez en La prisa está de moda: “… Hay quienes coleccionan sellos internacionales en su pasaporte, y que de regreso de un periplo por el Extremo Oriente sólo recuerdan las medidas de seguridad de tal o cual aeropuerto, o el precio de los objetos falsificados en una tienda de «souvenirs» en los bajos del hotel”. La velocidad asociada al traslado desde casa al lugar de vacaciones es una de las marcas fuertes del turismo masivo. Éste está asociado básicamente al hecho de que pasaremos una o dos semanas ubicados sólo en un lugar, y la clave está en llegar rápido. Pero a veces también nos pasa cuando nos movemos estilo mochilero. ¿Por cuantos lugares hemos pasado a las corridas, o hemos visto desde la ventanilla de un micro? Es raro, pero algunos lugares que he visto desde arriba de un bus se me han quedado grabados, como Saraguro, en Ecuador, u Otuyo, en Bolivia. Podemos contar que hemos recorrido miles de kilómetros, pero muchas de las ciudades que hemos visitado apenas han ocupado algunas horas en nuestra agenda. Ya saben: para ahorrar en un viaje largo, lo mejor es no gastar en hoteles. Como en América Latina para ir de una ciudad a otra hay que viajar bastantes horas, es usual alternar noches de hotel con otras arriba de micros. Gastamos menos, pero en esa ciudad llegaremos en la madrugada y nos iremos cerca de la medianoche. Y terminamos tan cansados que ya no vemos nada.

Pero esta velocidad del traslado está motivada por el deseo de conocer muchos lugares. Por ello, sacrificamos profundidad en nombre de la variedad. Y eso es parte de nuestras prácticas de viaje. No quiero justificarlo: sólo digo que el movimiento, el viaje, implica aceptar que el visitar un lugar es algo necesariamente breve, y que lo mejor es aprovechar al máximo el tiempo. Salvo, claro, que tengamos dinero suficiente para hacer el viaje de manera muy pausada. Por desgracia, esa no es la combinación más usual; lo normal es tener dinero pero no tiempo -y tenemos un período limitado de vacaciones en el trabajo-, o tener tiempo pero no dinero -porque estamos desocupados, o sólo estudiamos.

El artículo de Alvarez fue visto originalmente en Libro de Notas

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