La semana pasada, Juan Cruz preguntaba, acerca de la una entrada que hablaba sobre el sentido común de siempre impulsar el “turismo de primera clase”, cuales eran las razones para no alentar más el viaje tipo mochilero, si realmente dejaba dinero a los países receptores de turistas. Hay varias hipótesis al respecto.

Según Erve Chambers, quienes deciden sobre las políticas locales de turismo suelen ser parte de las elites de negocios de los distintos países. Estas personas suelen sacar un provecho interesante de la inversión en infraestructura en turismo, que servirá para atraer a más viajeros de negocios con los cuales establecer transacciones financieras y comerciales. Además, hay un tema político: en muchos casos, el viaje tipo backpacker no suele ser visto con mucho placer por los regímenes políticos más autoritarios, poco interesados en permitir que los extranjeros se muevan de manera libre por sus territorios. Un caso es China, que a pesar de ir directo a convertirse en la nación más visitada del planeta, tiene amplias zonas del país en donde los turistas no pueden entrar.

También hay razones de negocios. Quienes más dinero sacan del turismo internacional, como los hoteles de cinco estrellas y los grandes operadores turísticos, tienen mucha más capacidad de presión y llegada a los políticos que los pequeños emprendedores locales que viven del turismo mochilero. Las relaciones entre elites políticas y de negocios no deberían ser dejadas afuera de este análisis; de hecho, hace rato que sabemos que lo que se presenta como sentido común para todos suele ser una herramienta que usa un grupo de la sociedad para apropiarse de más recursos materiales.

Tal vez suene insistente, pero nuestros países latinoamericanos no tendrán un turismo desarrollado hasta que no tengan un mercado interno fuerte -en el que los locales gasten dinero dentro del país- y en tanto los emprendedores locales logren establecer iniciativas exitosas en hospedaje, organización de tours, etc.

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