En el imaginario de la profesión periodística -al menos en el periodismo bien hecho- siempre está la idea de que uno no tiene que creer de manera inocente lo que dice el otro. Que hay que contrastar los hechos. Chequearlos con otras fuentes. Las cosas que los demás nos dicen son interesadas, y nuestros intereses como periodistas son otros: nos interesa descubrir la verdad, mostrar aquello que es atractivo, aunque a los entrevistados les moleste. Es nuestra nota, no la de ellos.

Ahora bien: en esta nota publicada por el diario Clarín en su suplemento de viajes, la periodista hace todo lo contrario: asume como propio todo el imaginario de San Antonio de Areco, que busca venderse como una especia de cuna del “auténtico criollismo”. A lo largo del artículo, se repiten todos los lugares comunes sobre Don Segundo Sombra -una de las principales obras de la gauchesca argentina- y así se refuerza el imaginario que se nos quiere vender de manera marketinera. En tanto periodistas, ¿podemos aceptar mansamente que nuestra nota apele a los mismos argumentos que vendrían en un folleto turístico? Es obvio que la respuesta es no.

¿No era que los periodistas debíamos poner siempre en cuestión lo que nos decían los demás? Parece que los suplementos de viajes argentinos siguen en la misma: mucha gacetilla, mucha publicidad disfrazada de nota, pero de periodismo, cero. ¿En el resto de América Latina pasa lo mismo? Creo que debería comenzar a leer los sitios de otros diarios de la región.

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