Hace algunos meses comentaba en una entrada que estaba dirigiendo la tesina de licenciatura de licenciatura de Carolina Cordi sobre la construcción de Tandil como destino turístico. Uno de los puntos más interesantes del trabajo tiene que ver con el uso de los símbolos para promover este destino -algo que, por cierto, hace cualquier lugar turístico.

En este caso, el símbolo es la Piedra Movediza, un extraño fenómeno natural. Una enorme roca, apoyada sobre una pequeña base, que se desplazaba de manera visible. Obviamente, esto llamó la atención de mucha gente, incluso fuera de la Argentina. Ahora: la piedra se cayó en 1912, y desde entonces ha perdurado como símbolo.

Pero muchos turistas llegan a Tandil creyendo que la piedra aún está ahí, y cuando van al paseo de “Movediza”, se encuentran con escaleras deterioradas… y un montón de piedras desparramadas. Los actores del sector turístico entrevistados por Carolina coincidieron en que este paseo no debía ser promocionado, ya que en realidad allí no había nada que ver.

El problema surge por otro lado: como parte de un imaginario turístico, la piedra sigue siendo usada de manera muy clara por las autoridades de Tandil. Miren por ejemplo el logo de de la Municipalidad de Tandil:

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Y ahora observen este mapa que la Municipalidad de Tandil exhibe en Internet para marcar los principales lugares turísticos en la zona.

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Como verán, en la parte de arriba se puede ver claramente como se señala a la piedra como uno de los atractivos de la zona. Como símbolo, la “movediza” tiene un valor demasiado importante como para no utilizarla en la construcción del imaginario sobre Tandil. Aún así, no deja de llamar la atención la contradicción entre lo que dicen los actores del sector turístico de Tandil, y lo que se plasma en las representaciones que aparecen en los folletos de la ciudad. No se trata, claro, de hablar de “mentiras” o “estafas”. Eso poco nos importa. Más bien, al menos desde el interés de este blog, lo importante es ver como ciertos símbolos pueden ser movilizados en favor de determinadas construcciones de lo real.

En todo caso, se trata de otro ejemplo de como difieren los discursos de los actores sobre sus prácticas, y las prácticas en sí.

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