La ciudad vieja de Montevideo -o sea, su casco histórico- es un lugar de una enorme belleza arquitectónica. La mala situación económica del Uruguay en las últimas décadas se ha traducido en el progresivo deterioro de las fachadas y estructuras de los edificios. Pero en los últimos meses, en particular a partir de diciembre, la antes casi abandonada ciudad vieja adquirió una nueva fisonomía los fines de semana. Una importante cantidad de bares y discotecas se ha construido en la zona, y ahora algunas de sus calles lucen repletas los viernes, sábados y domingos.

Lo llamativo de ese cambio es que se ha dado a gran velocidad. En octubre del año pasado, la última vez que había pasado por Montevideo, aún la ciudad vieja no había sufrido tan rápida transformación. Si pasan por la capital uruguaya, ahora hay más opciones que ir durante los sábados al mediodía al mercado del puerto a tomarse un medio y medio.

Y aunque es bastante cara, la cerveza uruguaya, en particular la Patricia y la Pilsen, sigue siendo magnífica. Aunque el hecho de estas marcas ahora pertenezcan a Quilmes – Brahma ya ha levantado bastantes protestas. De hecho, en las calles es posible encontrar pancartas pegadas en los postes de luz, en donde se llama a decir”No al monopolio de la cerveza”.

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