¿Estamos ante el fin del concepto de “temporada alta”? Las fuertes modificaciones en el mercado laboral están impactando de manera crucial en el mundo del turismo. Hoy, muchas personas en el mundo -aquellas que tienen la capacidad económica de hacer viajes internacionales- cada vez tienden más a tomarse varios períodos breves de viajes turísticos -muchas veces combinados con ocupaciones de negocios- antes que disfrutar de dos a cuatro semanas seguidas de descanso. A eso se suman las formas de reconstitución de los entornos familiares.

En la actualidad, aún pueden notarse diferencias de precios -a veces sustanciales- entre visitar un destino en una determinada época del año y no en otra. Lentamente, esas diferencias comenzarán a reducirse, aunque desde ya no desaparecerán. Hay que tomar en cuenta que no sólo el mercado laboral importa en este punto: los menores en edad escolar y el sector público aún tienen vacaciones fijas en determinadas épocas del año, y eso es una influencia importante.

¿Provocará la lenta decadencia del concepto de temporada alta una desestacionalización de los flujos turísticos? Si, aunque deberíamos cuidarnos de exagerar los efectos, al menos en el corto plazo. Ciertos destinos, como las playas y las pistas para esquiar seguirán fuerte atados al concepto de temporada por cuestiones climáticas. Pero en aquellos lugares en donde el atractivo es similar en todo el año, ya se está viendo una mayor afluencia de turistas en cualquier época del año. Y mucho más en las localidades más visitadas por los viajeros de negocios.

La desaparición o al menos la sensible atenuación de las diferencias de los flujos turísticos a lo largo del año tendrá una interesante cantidad de consecuencias. Por un lado, la consolidación de puestos de trabajos más estables -recordemos que el turismo está fuertemente asociado a empleos precarios por pocos meses- y a la disminución de la brecha de precios entre los distintos meses.

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