¿Porqué el periodismo sobre viajes y turismo es de tan baja calidad? Por lo general, cuando uno lee suplementos de viajes y ve programas en la televisión por cable, es fácil encontrar un montón de publicidades disfrazadas. Es sabido que los operadores turísticos suelen invitar a los periodistas a visitar ciertos destinos para obtener una cobertura más barata, y ahorrarse de paso la pauta de publicidad. Incluso se sabe que algunas agencias de prensa suelen calcularle a sus empresas clientes cuanto se ahorraron en publicidad gracias a las notas que les consiguieron…. Pero los lectores no tienen que saber ni sufrir esto; ellos quieren leer, supongo, información independiente. Y si no, que el medio avise que se trata de una publicidad.

El punto central es porqué a ciertos tipos de notas se le exigen unos parámetros de aceptabilidad -que sea noticia, que cubra la mayor variedad de opiniones posibles, que mantenga distancia de las fuentes, etc- y porqué esto no se cumple en las secciones de turismo. Algunos dirán: pero pasa lo mismo en otras partes de los medios, como las partes dedicadas a ocio y gastronomía, también plagadas de “chivos” -esto es, notas pagas que son presentadas a los lectores como informes periodísticos independientes. Es cierto, pero esto no disculpa a los responsables de las secciones turísticas de los medios.

Salvo las notas que solía publicar Martín Caparrós hace ya varios años, no encuentro en el periodismo argentino ningún redactor que tenga relatos interesantes sobre viajes. En idioma castellano, otro ejemplo destacable es Altair, una revista para viajeros hecha en España -desconozco si aún existe, tengo varios números en mi biblioteca- que tiene unas fotos espectaculares y buenos textos.

Tomemos un ejemplo cualquiera del periodismo actual de turismo en Argentina. Hoy el diario Clarín publica una nota sobre Potrero de Funes, una destino en la provincia argentina de San Luis. Veamos algunas características.

  • “A la par de Merlo, Potrero de los Funes es la localidad de mayor crecimiento turístico en San Luis”. Si yo escribiera algo para así para una nota de tecnología, mi editor me pediría la fuente de tal información. Pero acá brilla por su ausencia. Potrero de Funes crece mucho y punto; mejor que el lector se lo crea. Esto es marketing, no periodismo.
  • “Una adecuada señalización indica la ubicación de los complejos de cabañas, las piletas de natación a la vera del lago, parrillas, restaurantes y los distintos lugares serranos y sus arroyos de aguas claras y mansas”. Más adjetivos positivos.
  • “El lago —Patrimonio Natural Provincial desde 2003— conduce al pueblito prolijamente construido entre las sierras y bordeado por un río cristalino que baja de los cerros”. Siguen los elogios. Si dijera que esto es un espacio de publicidad nadie se sorprendería.
  • “La falta de control de la basura arrojada en las márgenes del lago y los arroyos.También amenaza seriamente el ecosistema la ausencia de infraestructura cloacal”. Al fin llegaron las críticas. Por desgracia, se colocan en el final de la nota, donde muy probablemente muchos lectores ni siquiera lleguen. Tales características negativas no se señalan en la cabeza de la crónica. Antes, se prefiere señalar las “aguas cristalinas y mansas” y dejar para lo último alguna cosa mala. Por cierto, es importante señalar que no estoy diciendo que el redactor de la nota haya sido pagado o tenga mala fe; esas apreciaciones individualistas parten del error metodológico de no percibir a un medio como una estructura más amplia de organización de lo “noticiable”. Sólo señalo con preocupación este punto: la existencia de una estructura organizacional en el periodismo de turismo que permite la aparición de información que en otras secciones, como en política o economía, no serían ni siquiera tomadas en cuenta como dignas de publicar.

    El periodismo de turismo no sólo suele carecer de sentido crítico, sino que abunda en metáforas e imágenes de lo más gastadas -“lugar paradisíaco”; “aguas mansas”; “imponentes puestas de sol”. Realmente, hoy hay mucha más información más útil y honesta en muchos sitios de Internet. Al menos en Argentina, quienes gustamos de viajar podemos prescindir, sin ninguna duda, de los suplementos de diarios y revistas sobre turismo. Es comprensible que los medios necesiten de la publicidad para poder sobrevivir; pero si eso se hace a costa de dejar de interesar a los lectores, no les veo mucho futuro.

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