Muchas veces, solemos criticar a los operadores de tours turísticos por las ciudades -los llamados city tours– por ofrecer una visión del lugar que suele ser muy pobre, basada en mitos, y en muchos casos conducidas por profesionales que tal vez sepan mucho de turismo, pero poco de historia y política.

En un trabajo hecho para el seminario sobre comunicación y turismo que dicté en 2003 en la Universidad de Buenos Aires, Juan Cruz Abal analiza la propuesta que hace una agencia de turismo “alternativa”, llamada [i]Eternautas[/i], a sus clientes. Los tours son conducidos por licenciados en historia graduados en la universidad. Se organizan caminatas para turistas locales y extranjeros, y se busca “mostrar” la ciudad sin perder las referencias con la historia y la política.

El objetivo es loable, desde ya. Pero como reconoce la gente de [i]Eternautas[/i], la búsqueda de la diferencia tiene límites. Aquí Abal retoma los conceptos de Pierre Bourdieu. Si bien la búsqueda de la diferencia es algo que todos los agentes buscan en su campo -como manera de monopolizar un subsector de él y reducir la competencia- también hay que respetar ciertas reglas invariantes. Así, esta agencia se ve en cierta manera obligada a organizar tours a zonas muy turistificadas de Buenos Aires, como el famoso [i]Caminito[/i] de La Boca, para poder competir en el campo turístico. Pero con una particularidad: llegan justo hasta la entrada, pero no recorren esa famosa cuadra. Una manera de decir: hasta aquí llegamos con la aceptación de esta zona como parte de nuestros ofrecimientos.

¿Y porqué brindan tours a esos lugares? Simple: los turistas que llegan a Buenos Aires se los solicitan. En cierta medida, allí vemos los límites de la ciudad. Aún cuando queremos proponer otro mapa, quienes llegan a Buenos Aires ya tienen el suyo en la cabeza, gracias a las guías y a los relatos que han recibido de la ciudad.

Retomaré mañana porque el tema es más que interesante.

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