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Cuando el año pasado me senté a pensar los contenidos del tercer seminario de Comunicación, Viajes y Representaciones Sociales, uno de los objetivos era trabajar el tema de la constitución histórica del turismo. Mi impresión era que había puesto poco énfasis en esa parte en cursos anteriores. Por lo general, el turismo ha sido descripto de manera bastante eurocéntrica; sus orígenes siempre son localizados en esa región del mundo. Esto, porque algunas de las formas modernas relacionadas con la actividad -los paquetes de viajes, la constitución de agencias, la formación de recursos humanos dotados de ciertos saberes expertos- se dio allí antes que en otras partes del mundo -sobre el «eurocentrismo» de la descripción del nacimiento del campo turístico volveré en otra entrada.

El término «turismo» proviene del francés, y es tomado del término «Grand Tour», el viaje que los nobles europeos hacían a París y otras ciudades de Francia en el siglo XVII y XVIII. Con el tiempo, la palabra fue tomada desde el inglés, y transformada en tourism. Para mediados del siglo XIX, el turismo era una actividad reservada a las clases altas. Esta perspectiva elitista recién desaparecerá con la lenta introducción de derechos laborales en Europa, y la posibilidad de que los trabajadores de tomarse un descanso anual.