La oposición entre trabajo y turismo es una hipótesis bastante difundida en las ciencias sociales. Básicamente, se entiende que “las prácticas turísticas se sustentan en un modelo espacio-temporal radicalmente opuesto al que prevalece en el mundo del trabajo. En la cotidianeidad del turismo se construye un mundo distinto, el del ocio, en donde prevalecen reglas de convivencia interpersonal, criterios de construcción de identidad, prácticas sociales y motivaciones basadas en lo efímero, más que en lo permanente” (Hiernaux Nicolas, 2000).

El viaje, de acuerdo a esta posición, es considerado placentero porque se opone a las aburridas rutinas de la vida cotidiana, y porque permite construir una nueva cotidianeidad no atada a las restricciones horarias y espaciales del mundo del trabajo.

Parece natural que frente a lo que aparece como “la aburrida vida cotidiana”, las personas opten por buscar, cada tanto, una forma de descansar y tomarse unos días lejos de las presiones laborales. Sin embargo, una conceptualización de este tipo, hecha desde una analista y no desde el agente, trae una serie de problemas. Como plantea McCabe (2002:62) “como consecuencia de este énfasis, la vida cotidiana misma recibe poca atención”.

Asumir, sin más, que el turismo es deseable porque la vida cotidiana carece de mayores significados es muy poco justificable desde el punto de vista de un analista. Parece aceptable desde una posición de “sentido común” , pero no desde un punto de vista académico.

Es posible que, desde el punto del actor / turista, el viaje sea visto como una puesta en paréntesis de sus obligaciones cotidianas. Incluso, que aparezca casi contrapuesto. Para empezar, la mayor parte de las personas suelen viajar como parte de sus vacaciones en el empleo o estudios. Frente a esto, no resulta raro oponer trabajo a viaje: sólo soy turista cuando estoy alejado del trabajo. Pero incluso, desde un análisis de sentido común, el cruce entre vida cotidiana y viaje se hace cada vez más patente, gracias al crecimiento de las nuevas tecnologías de la comunicación y la creciente desregulación del mercado laboral.

De manera creciente, una serie de turistas cada vez articula más sus lógicas de trabajo con las del desplazamiento. Viajeros de negocios, turistas que exigen servicios similares a los de sus países, son dos muestras que comprender al turismo como “espacial y temporalmente” opuesto al turismo no puede ser una hipótesis aplicable a todos los casos.

Bibliografía citada

Hiernaux Nicolas, Daniel (2000) “La fuerza de lo efímero. Apuntes sobre la construcción de la vida cotidiana en el turismo”. En Alicia Lindón (coord) La vida cotidiana y su espacio-temporalidad. Barcelona, Anthropos.

McCabe, Scott (2002) “The Tourist Experience and Everyday Life”. En Dann, Graham (ed.) The Tourist as a metaphor of the social world. Londres, CAB International.

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