Estaba sentado en el Parque Chacabuco, uno de los parques más grandes de Buenos Aires, y me entregaron un volante.

“Pero, ¿qué es la iglesia?. A menudo no es otra cosa que una institución pública en la cual el pastor o cura es un simple funcionario que pasa los días bautizando a hijos de incrédulos, casando a indiferentes y enterrando a paganos”.

¿Un volante de un partido de izquierda? ¿Anarquistas, tal vez? No, es el volante de una “Iglesia Llamada de Medianoche”. Sabíamos que el capitalismo estimulaba la competencia, pero esto es demasiado. Hasta los corderos de Dios sufren del exceso de oferta.

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