Otras musicas urbanas

libros Noviembre 20th, 2008

A propósito de la reedición de Cuando muera quiero que me toquen cumbia. Vidas de pibes chorros, de Cristián Alarcón.

Para aquellos interesados en temas urbanos, un tema central está ligado con los procesos de constitución de barriadas pobres; las llamadas “villas miseria”, “ciudades miseria”, o “favelas”, de acuerdo al país donde nos encontremos. Estas zonas de la ciudad suelen ser responsabilizadas de una gran cantidad de males para el resto del entorno urbano: alojar delincuentes, de afear el aspecto estético de la urbe, de apropiarse de manera ilegal de terrenos fiscales, y de un largo listado de etcéteras. Basta con mirar la cobertura que los medios le dedican a estas zonas urbanas para que quede claro cuál es la mirada que las clases medias y altas asocian con ellas: delincuencia, marginalidad, y necesidad de mayor represión.
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Slums

blogs, politica Octubre 28th, 2008

En 2008, por primera vez en la historia, la población urbana superó a la rural. Se trata de un cambio de una magnitud enorme, pero que se ha dado de forma progresiva a los largo de las últimas seis décadas. Más de tres mil millones de personas viven hoy en áreas urbanas. Y mil millones de ellas habitan en zonas que carecen de servicios mínimos, en terrenos invadidos, donde nadie ha planificado nada, donde muchas veces ocurren derrumbes, o donde una lluvia fuerte pone en riesgo la vida de decenas de miles de personas.

Sus nombres cambian de acuerdo al país. Les dicen “slums”, “villas miseria”, “favelas”, “pueblos jóvenes”. La denominación cambia, pero la miseria se parece mucho. Y los “slums” son el tema de un sitio más que recomendable: The Places We Live. Con fotos tomadas en zonas marginales en Jakarta, Indonesia; Caracas, Venezuela; Kibera, Nairobi, Kenia; y Dharavi, en Mumbai, India. El trabajo fue realizado por el fotógrafo Jonas Bendiksen.

El sitio está completamente realizado en Flash; ésto lo hace un tanto incómodo de navegar, pero a cambio tiene una serie de ventajas. Pueden ver excelente fotos en 360 grados de las casas de estas zonas -y asistir a las notables diferencias que pueden encontrarse, tanto en confort como condiciones mínimas de vida; escuchar el ruido ambiente de esas zonas; y tener textos que contextualizan las imágenes.

The Places We Live también está editado como libro, y se puede comprar en sitios como Amazon, donde se vende a 26 dólares.

La imagen que abre la entrada fue tomada en Caracas, y pertenece a la serie de imágenes publicadas en el sitio. (visto originalmente en This Just in…

Urbe 3: el espacio urbano y el deambular sin riesgos de perderse

teoria y conceptos Mayo 30th, 2008

Avenida de mayo

El espacio urbano es un espacio infinito. Pero no es un espacio arbitrario; nos permite deambular por él sin riesgos de perdernos, ni necesitar una brújula. Se trata de un espacio delimitado; que tiene un centro y una periferia. Que está señalizado y cartografiado, y pensado para ser recorrido. Podemos ir y venir desde el centro a la periferia, entrar y salir, y caminar y descubrir nuevos sitios. Es parte de lo que hace fascinante a la ciudad: la idea de aventurarse a ver lo nuevo a apenas cuadras de lo conocido, para luego poder regresar a lo conocido. Una especia de aventura en el espacio de lo seguro.

Éste tipo de deambular por la ciudad no es el que está abierto al turista que llega a las apuradas, y apenas si tiene tiempo para visitar los enclaves turísticos. Es más bien un conocimiento reservado para quienes viven en una ciudad por un tiempo que les permita, sin sentirse culpables de perderse otras cosas por dedicarse a deambular sin sentido.

Aún cuando el espacio urbano sea un espacio finito que permite un deambular infinito, nuestros tiempos como visitantes nos obligan muchas veces a limitarnos a mapas que otros han trazado para nosotros. Es el costo de las limitaciones que tenemos al llegar a una ciudad; si al menos queremos ver algo, debemos renunciar a la libertad del deambular.

La ciudad, entonces, es un mapa mental; está marcado por los lugares que nos orientan, que nos sintetizan a la ciudad, que nos dicen que la conocemos. Por los recorridos, las caminatas, las sorpresas. No es extraño que ese tipo de reflexiones apareciera cuando la ciudad tal como la conocemos hoy era un fenómeno nuevo, moderno. En la idea del “flaneur” de Baudalaire. En las reflexiones de Simmel que vimos en una entrada anterior de esta serie. O en Benjamin y sus pasajes. Hoy vemos muchas de estas experiencias como “cosas de todos los días”. No tenemos esa distancia histórica, y aún así podemos seguir encontrando las sorpresas en el finito infinito del espacio urbano. Que no será una novedad social, pero puede ser una novedad para nuestras historias individuales.

Referencias bibliográficas

Mongin, Olivier (2006) “La experiencia urbana o como “cobra forma” la ciudad”. En La Condición Urbana. La ciudad a la hora de la mundialización. Buenos Aires, Paidós.

Urbe 2: Simmel y la actitud blase

teoria y conceptos Mayo 23rd, 2008

El miércoles escribía, en la primera entrega de la serie de entradas dedicadas a la ciudad, sobre el tema de la “atención desatenta” del caminante urbano, a partir de los planteos de Erving Goffman. Ahora le toca el turno a otra relación muy particular: el ordenamiento racional del tiempo y el espacio en las ciudades, en tanto manera de hacer uniforme la experiencia urbana, junto con la fuerte necesidad de diferenciación individual que surge en ellas.

Georg Simmel llama a esto “actitud blasé”. En sus estudios urbanos, llevados a cabo a principios del siglo XX, Simmel encontró que las ciudades eran espacios donde los sentidos se encontraban bombardeados de estímulos visuales y auditivos. La reacción social frente a ello fue una actitud reservada y en cierto modo insensible frente al entorno. Esa característica falta de sorpresa frente a cualquier evento es parte de esa “actitud blasé”. No se reacciona de manera demasiado enérgica frente a los eventos; más bien, se reservan esas fuerzas para otras cosas. Junto con esta “actitud reservada”, aparece la necesidad social de hacer uniforme la vida en la ciudad, atada a los imprevistos de la movilidad por calles más atestadas. En ese desarrollo, a principios de siglo XX terminó, por fin, por universalizarse el uso del reloj. Ahora las personas ya podían ser puntuales. Una forma, claro, de racionalizar la vida urbana.

Pero si la vida urbana necesitaba de una uniformidad en el uso del tiempo y del espacio y de la “reserva” de sus habitantes, también tendía a producir formas de subjetividad muy elaboradas. Y esa relación entre “subjetividad” y “reserva” puede rastrearse incluso en los planteos de Goffman sobre la “atención desatenta”. Por un lado, debemos seguir ciertos ritmos uniformes de la ciudad para poder cumplir a tiempo con todos los compromisos. Pero por otro, es misma uniformidad nos lleva a un mayor narcisismo. No son tendencias contradictorias; son más bien complementarias. Si en la calle, según Goffman, debíamos estar atentamente desatentos, en la vida urbana, según Simmel, debíamos estar racionalmente socializados para poder ser individuos subjetivamente diferenciados.

Referencias bibliográficas

Urry, John (2007) “‘Mobile theories and methods” en Mobilities. Cambridge, Polity Press.

Urbe 1: la atenta desatencion del transeunte urbano

teoria y conceptos Mayo 21st, 2008

Caminar
Caminar por la calle, cuando muchos otros lo hacen, es una actividad cotidiana para el transeúnte urbano. Es un caminar sujeto a particulares reglas, y que implican encontrar un equilibrio entre la atención -para no llevar por delante a los demás- y la desatención -para no violar la privacidad de los otros. Son las circunstancias que Erving Goffman llamaba “interacciones en público no focalizadas”.

Para Goffman, el caminar por la calle implica ingresar un ritual de la atención desatenta. Debemos prestar atención a lo que pasa delante nuestro. Por ejemplo, no debemos desviar la mirada si ello podría hacernos chocar con otra persona. Quien cometiera varios de estos errores lo único que recibiría son constantes insultos. O alguna invitación a pelear. E incluso hay que estar atento a los llamados de los otros, como un pedido de hora o de información sobre una calle.

Pero esa atención está enmarcada dentro de las reglas de una cortés desatención. Allí debemos cuidar no violar el espacio del otro; por ejemplo, al mirar a otra persona de manera fija. El caminar por la calle es un ritual donde se garantiza el anonimato del otro; pasar por alto este punto lleva a un incómodo cruce de miradas. Es una de las razones por las cuales muchos miran a otros cuando éstos han pasado, y ya no hay posibilidad de ser detectados en el acto de individualizar al otro en su anónimo recorrido por las calles. Es una de las razones por las cuales nos molesta que los turistas nos fotografíen por la calle cuando sólo caminamos por allí -aunque después nosotros hagamos lo mismo cuando viajamos y nos encontramos en otras ciudades.

Para Goffman, esa desatenta atención expresa un particular equilibrio entre equilibrio e indiferencia. Y es una buena referencia a las influencias de Georg Simmel en la obra de Goffman. Pero con eso seguimos mañana -sí, estamos semana estoy urbanita.

La imagen que abre la entrada la tomé un buen tiempo atrás en el cruce de Florida y Diagonal Norte, Buenos Aires.

Referencias bibliográficas

Nizet, Jean y Natalie Rigaux (2006) “Reglas y ritos” en La sociología de Erving Goffman. Barcelona, Melusina.

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