Blogs y medios: regulaciones y disclaimers

internet Junio 29th, 2009

En los últimos días, varios medios se han hecho eco de la iniciativa de la Federal Trade Commision (FTC) de Estados Unidos de regular a los blogs, mediante una serie de directivas que ya están en vigencia para los medios en Estados Unidos. La más importante es que los bloggers deberán revelar cuando reciban regalos por parte de las empresas, ya que se considera que eso puede afectar la calidad de los textos que escriban. También deberán explicitar de manera clara si han recibido pagos para escribir entradas sobre determinados productos -los conocidos “posts patrocinados”.

Se puede sostener que se tratan de regulaciones razonables, y que ya son aplicadas en otros tipos de soportes y medios de comunicación. Lo que me llama la atención es que varios de los medios que publicaron esta noticia en Argentina, por ejemplo, se olvidaron de un detalle: ellos no cumplen ese tipo de “regulaciones”, más allá de que estamos hablando de un caso que tiene implicancias legales limitadas a Estados Unidos. En el mercado de periodismo turístico, ya que este blog trabaja sobre ese tema, es bastante común que terceras empresas inviten a los medios para hacer determinados viajes. Y es muy raro cuando este detalle sea revelado a los lectores. Esto es algo que no se limita a las secciones de turismo, por cierto.

Como ya he dicho en otras ocasiones, en condiciones ideales deberíamos considerar que no habría que aceptar viajes pagados por terceros en el caso de notas periodísticas. Es la posición más razonable desde la necesidad de imparcialidad. Pero entiendo que hay fuertes restricciones presupuestarias en nuestros países, y eso lleva a que este tipo de prácticas de aceptar invitaciones se haya extendido. Pero entonces es esencial que se revele el dato de que otra empresa pagó los gastos, en el sentido de las regulaciones que propone la FTC. Y mucho menos que eso se esconda como “enviado especial”. Si piensan que eso afecta la credibilidad de la nota, entonces es hora de rever ciertas prácticas.

Al final, hay que leer de manera oblicua los recuadros de más datos -donde suelen figurar aerolíneas, hoteles y empresas de tours- para hipotetizar quien ha pagado por los gastos del viaje.

Sobre el tema de la FTC y los bloggers, pueden leer en ReadWriteWeb (en inglés)

Souvenires y los limites de la experiencia

teoria y conceptos Octubre 1st, 2008

Productos tipicos

Desde hace varios años, la industria del souvenir se ha globalizado a pasos agigantados. Algunos años atrás, podíamos asumir que uno de estos productos, tan asociados al turismo, era un objeto de fabricación local, y que representaba algunos de los valores, costumbres o paisajes más relevantes del lugar. De allí su valor en términos turísticos; eran una prueba de que habíamos viajado, “estado allí”, y que le regalábamos esa prueba a otra persona, o la exhibíamos en nuestra casa.

Pero eso ya no es tan cierto. Hace un par de años, en mi última visita a Mar del Plata, me encontré con uno de esas tradicionales esferas llenas de agua, donde “nieva” si la movemos un poco. Y junto a la leyenda “recuerdo de Mar del Plata” se alzaba un muñeco de nieve. ¿Un muñeco de nieve en Mar del Plata? Tiene menos sentido que un caracol de mar con la leyenda “Recuerdo de Buenos Aires”. Se trata de una ciudad en la que rara vez nieva.

Comencé a revisar los souvenires en varias casas turísticas en la misma Mar del Plata, y encontré que todos eran muy similares, y en buena proporción, Made in China. Luego esa experiencia se repitió en otros lugares. En algunos casos el tema ya era extremo; en la isla Ellis, en New York, donde se encuentra la Estatua de la Libertad, era imposible encontrar en la tienda de recuerdos una representación de la imagen que no estuviera fabricada en China.

Los souvenires aparecían así como una estandarización notable de la experiencia turística. Se creaban productos genéricos para una serie de sitios con alguna característica marcada -mar, montaña, clima cálido o frío, músicas, danzas- y se las personalizaba un poco con el agregado de leyendas tipo “recuerdo de…”. En algunos casos, la “personalización” es muy tosca, como en el caso de los barcos de miniatura que encontré en Mar del Plata, donde la leyenda se encontraba agregada, simplemente, con una lapicera de tinta.

A esta altura, asumir que los souvenires son un producto local es algo cada vez menos justificable. Claro, los seguimos comprando. Ya sea porque la industria ha colonizado nuestra imaginación, por obligación o porque nos gustan los objetos ridículos, seguimos con una rutina de la compra de “objetos representativos”. Aunque estos objetos sean encargados de a millones a miles de kilómetros, y luego ajustados a ciertos destinos con pequeños retoques. Y mejor ni me meto con el tema de las remeras / polos / camisetas / t-shirts, porque allí se pueden rastrear cientos de dibujos idénticos que sólo se diferencian por el destino que aparece como leyenda.

La experiencia del viaje siempre se nos aparece como algo inabarcable, difícil de contar. Pero si nos concentramos en los souvenires, establecer algunos límites de esa experiencia no aparece como algo tan complicado de formalizar y representar en pocos objetos. La industria siempre se hace tiempo y espacio para estandarizar y globalizar lo que aparece, casi como una obviedad, como un producto local.

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