Fast-food y diferencia

viajes Noviembre 10th, 2009

Habitualmente, cuando pensamos en locales de comida rápida, asumimos que se trata de un tipo de producto indiferenciado, que no caracteriza a ningún lugar y que básicamente es parte del paisaje de buena parte de las sociedades modernas. Pero parece que en algunos casos vamos a tener que comenzar a pensar en los procesos de construcción de la diferencia en el mercado de las comidas rápidas, como analizan en Travel Plan Idea Blog. En esa entrada se citan al menos dos casos interesantes.

El primero, el de la localidad de Corbin, Kentucky, Estados Unidos, que ha convertido en toda una atracción turística la presencia en el lugar del primer restaurante de la cadena Kentucky Fried Chicken. Pueden leer sobre el tema en el USA Today. El segundo, un programa de Travel Channel donde mostraron los que ellos consideraban los 10 McDonald’s más originales del mundo. Entre ellos, un local que está construido para que parezca una gigantesca cajita feliz -y que pueden ver en la foto que está debajo-; y otro que presume ser el local más elegante de toda la cadena de McDonald’s.

Así que ya saben: si están interesados en trabajar sobre procesos de diferenciación, ahora también se pueden concentrar en las cadenas de fast-food. Al fin y al cabo, los procesos de reflexividad estética y de diferenciación ya se extienden por toda la cadena de consumo.

Vacaciones y modernidad, o la lenta despedida de la separacion estricta entre ocio y trabajo

teoria y conceptos Junio 16th, 2008

La modernidad tenía una característica muy interesante: la separación de espacios. Ocio y trabajo, por ejemplo, aparecían perfectamente escindidos. Se trabajaba una determinada cantidad de horas por día, y luego uno iba a su casa. Cada cierta cantidad de tiempo, teníamos vacaciones. Y ese espacio estaba perfectamente delimitado con respecto al período de trabajo. Y en las vacaciones no trabajábamos, y eso estaba claro.

Esa separación de espacios hace rato está en crisis. Hoy, nos vamos de viaje y seguimos chequeando el correo electrónico, incluso realizando algunas tareas por Internet. Y aparecen las voces de “esto es explotación, jamás paramos de trabajar”. Hay algo de razonable en ese reclamo, pero a la vez a veces se pierde de vista un punto clave: hoy, quienes pueden, viajan mucho más que apenas 15 ó 21 días al año. Me puedo usar como ejemplo: si puedo dejar Buenos Aires varias veces al año es porque buena parte de las tareas que me dan de comer pueden ser ejecutadas por Internet. Entonces, deberíamos pensar en un punto: está bien quejarse porque trabajamos demasiado. Incluso, por esa obsesión un tanto enfermiza por la conexión a Internet. Pero, en la tradicional separación de espacios de la modernidad, sólo podrían viajar una vez al año. ¿Este año viajaron más veces? No se quejen. En todo caso, transformen en un objetivo conseguir un empleo que les permita tomarse “vacaciones totales” una vez al año. Pero si después no pueden viajar más de una vez al año, no protesten.

Realmente, si vamos a pensar en el mercado de trabajo, mi preocupación no es tanto la cantidad de horas de trabajo o el hecho de que ocio y trabajo cada vez estén más indiferenciados. Me preocupa más la progresiva precarización del empleo, la falta de cobertura médica, la conversión en un mero servicio de nuestras tareas profesionales. Pero, a la vez que tiene cosas malas, Internet como soporte de trabajo ha abierto muchas nuevas oportunidades. Por ejemplo, poder viajar y trabajar. Reclamar que “viajar es no trabajar” es, en buena medida, volver al orden anterior: viajar es algo que sólo se hace una vez al año. Hay quienes jamás salieron de ese orden de cosas, pero realmente prefiero perder la estricta diferenciación entre ocio y trabajo antes que volver al modelo de la modernidad de espacio claramente distinguidos.

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