Descubridores, exploradores, turistas y mochileros
Sin categoría Enero 31st, 2004
En su libro sobre los viajeros ingleses de entreguerras –1914 / 1939-, Abroad (1980), Paul Fussell distingue tres tipos de traslado: la exploración, característica del Renacimiento; el viaje, que se da en la sociedad burguesa; y el turismo, parte de la cultura popular de la posguerra. “Si el explorador se mueve hacia los riesgos (…) de lo desconocido el turista va hacia la seguridad del puro cliché. Es entre estos dos polos donde el viajero media y retiene todo lo que puede de la excitación a la impredecible adhesión a la exploración, y el fusionarse con el placer de “saber dónde está uno” perteneciente al turismo(Fussell, 1980:39). Para este autor, la literatura de viajes ha muerto, porque la experiencia vacía y organizada del turismo “causa la destrucción del viaje ‘real’ e [implícitamente provoca] el final de la ‘buena’ escritura. Las experiencias que informaban el género habrían desaparecido, si seguimos esta líneas de análisis, en manos de la mercantilización del traslado. Para dejarlo más claro: mientras viajaban las elites, había viajeros que buscaban descubrir cosas nuevas. Cuando el viaje se volvíó parte habitual de la vida de los trabajadores, hubo turistas que sólo quieren repetir las mismas experiencias de siempre.
La imagen del viajero moderno que construye Fussell (aún cuando, indudablemente, no sea una creación suya) es precisa: “un individuo occidental, usualmente hombre, “blanco”, de recursos independientes, observador introspectivo, literato (…) y, ante todo, un humanista” (Kaplan, 1996:50). Esta particular construcción imperialista y patriarcal del “verdadero” viajero, el único enunciatario “autorizado” para producir textos válidos, se puede encontrar claramente en la literatura de viajes que, desde tiempos de la colonia, los europeos han producido sobre el “resto del mundo”, tal como repasan Mary Louise Pratt (1992) y Edward Said (1978). Esas narrativas surgieron de una particular relación entre “textos” y experiencias, inscripto en un sistema político y económico que favorecía claramente a Europa por sobre las colonias. Es esa relación entre texto y experiencia la que desaparece en ciertas teorías sobre el turismo contemporáneo.
Una característica de los teóricos que condenan al turismo es el ataque contra lo que es visto como una “estandarización” del movimiento: el turista sólo viaja a lo seguro, a lugares cuyos recorridos han organizado otros, y en donde debe fascinarse sólo cuando se le diga. O sea: en donde las significaciones, las interpretaciones sobre paisajes y lugares se encuentran establecidas de antemano. “Esas agencias que cuadriculan la tierra, que la dividen en recorridos, estadías, en clubes cuidadosamente preservados de toda proximidad social abusiva, que han hecho de la naturaleza un producto (…) son las primeras responsables de la ficcionalización del mundo, de su desrealización aparente; en realidad, son los responsables de convertir a unos en espectadores y a otros en espectáculo” (Augé, 1997:16).
Es cierto que una de las características del marketing y la producción capitalista ha sido la homogeneización de los productos y servicios con el fin de abaratar costos y dar mayores ganancias, pero establecer que esa homogeneización económica se traslada directamente a la cultura nos retrotrae a los viejos problemas de la determinación base – superestructura y de la concepción de la cultura como reflejo de lo económico. Por otro lado, el posfordismo ha dado muestras de una importante capacidad de flexibilización de las capacidades de producción y de aumento de las posibilidades de oferta, que, en el caso del turismo, están ayudadas por el continuo mejoramiento de los medios de transporte. Una mirada del capitalismo que ponga el acento sólo en los procesos de homogeneización es, incluso en términos básicamente económicos, muy discutible.
En la experiencia moderna, la experiencia del turismo aparece, desde buena parte del análisis académico, como fuertemente negativa, enfrentada binariamente con la noción de exilio. “Las definiciones de sentido común de exilio y turismo sugieren que ocupan polos opuestos en la experiencia moderna del desplazamiento: el exilio implica coerción; el turismo celebra la elección. El exilio connota el extrañamiento de individuo de su comunidad original; el turismo demanda una comunidad a escala global (…) El turismo anuncia el posmodernismo; es un producto del ascenso de la cultura del consumo, el ocio y la innovación tecnológica. Culturalmente, el exilio está implicado en las formaciones modernistas de las bellas artes (high art) mientras que el turismo significa el anverso, como la marca de todo lo comercial y superficial” (Kaplan, 1996:27). Esta construcción binaria se apoya, en principio, en la conceptualización negativa del consumo, por un lado, y en la visión del exiliado como “víctima” de un sistema económico y político injusto, lo cual lo hace un objeto de estudio respetable para los intelectuales críticos. Es cierto que los gobiernos suelen estimular el turismo mientras hacen lo posible por poner trabas a los migrantes; pero lo que debe ser una lucha política por la igualdad de oportunidades y en contra de las concepciones racistas y xenófobas contra los que aparecen como “extranjeros”, no debe servir de coartada para construcciones epistemológicamente binarias -como la que sugiere el par migrante/viajero- que suelen reducir las complejidades sociales a modelos mecánicos y deterministas.
“En el lenguaje ordinario, el consumir suele asociarse a gastos inútiles y compulsiones irracionales. Esta descalificación moral e intelectual se apoya en otros lugares comunes acerca de la omnipotencia de los medios masivos, que incitarían a las masas a avorazarse irreflexivamente sobre los bienes”(García Canclini, 1995:41). Como en el viejo modelo del televidente, manipulado por medios todopoderosos, el turista no piensa: es sólo una unidad estadística llevada de la mano de aquí para allá, en tours cuidadosamente planificados. Una figura homogénea: para este tipo de textos, es lo mismo un viajero de tours que un mochilero; un usuario de hoteles de lujo que otro que sólo ocupa hoteles de unos pocos dólares, un visitante de Disneylandia que un turista de paso por un villorrio de América o ?frica. El modelo del espectáculo termina por quitar de la agenda de investigación las diferencias entre los distintos tipos de consumo, y es inaceptable para aquellos que queremos estudiar, ante todo, las prácticas de quienes viajan.
No hay aquí la menor sugerencia de autenticidad: desde este punto de vista no existe ninguna experiencia “natural” o “auténtica”, ya que ningún espacio o paisaje tiene una significación “hasta que se le acuerda un lugar o una identidad en los mundos sociales y cognitivos de la experiencia humana” (Helms, 1988:20). No es más “auténtico” el mochilero que un turista de tours, en tanto ambos están inscriptos en lógicas de mercado e imaginarios particulares, que van desde el On the road de Kerouac hasta los canales de cable sobre viajes, y desde los relatos de terceros experimentados de forma directa -esto es, de forma no mediatizada, aunque en ellos ingresen transversalmente imaginarios difundidos por los medios- hasta la percepción socialmente positiva que suele darse a los viajes o a los viajeros. Sin embargo, considerar sin más que el modelo del mochilero o del “strictly budget” es sólo una forma folklórica de las vacaciones organizadas y comparable con las formas más caras del turismo (Prato & Trivero, 1985) sólo nos lleva a despreciar las diferentes prácticas sociales que rodean las distintas formas de viajar, así como los imaginarios que los informan.
Bibliografía utilizada
Augé, M. (1997) El viaje imposible. El turismo y sus imágenes. Barcelona, Gedisa, 1998
Fussell, P. (1980) Abroad: british literary travelling between the wars. Oxford, Oxford University Press, 1980.
García Canclini, N. (1995) “El consumo sirve para pensar”. En Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. México, Grijalbo.
Helms, M. (1988) Ulysses’ Sail. An ethnographic odyssey of power, knowledge, and geographical distance. Princeton, Princeton University Press.
Kaplan, C. (1996) Questions of travel. Postmodern discourses of displacement. Durham and London, Duke University Press, 1997
MacCannell, D. (1992) Empty meeting grounds. The tourist Papers. London and New York, Routledge.
Prato, P. & Trivero, G. (1985) “The spectacle of travel”. En Australian Journal of Cultural Studies, vol.3 nº 2, december.
Pratt, M. (1992) Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación. Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1997
Robertson et al. (1994) “As the world turns”. En Robertson et al. (eds) Travellers tales. Narratives of home and displacement. London and New York, Routledge.
Said, E. (1978) Orientalismo. Madrid, Libertarias, 1990.
Teléfonos y cámaras
Sin categoría Enero 30th, 2004
En estos días, me estoy ocupando full time a terminar una guía sobre teléfonos celulares, de 64 páginas, y que se editará el mes que viene en Argentina. Como parte del trabajo, la gente de Siemens, vía su agencia de prensa Nueva Comunicación, me prestaron un celular con cámara para testear: el Siemens SL-55. El teléfono es de un tamaño diminuto, tanto que llama la atención de todo el mundo.
Pero el tema que me interesa es el de la cámara. La estuve usando para hacer fotos de Buenos Aires; gracias a que el celular recibe correo electrónico, las subo directamente a la Web después que las saco. El modesto resultado lo pueden ver en esta página. En los próximos días subiré más fotos.
Realmente es muy interesante esto de hacer un moblog. Por desgracia, el celular lo tengo que devolver
. Así que durará poco, porque difícilmente me pueda gastar por ahora 400 dólares o más en un teléfono con estas características. Pero bueno: fue lindo mientras duró.
La foto que abre esta entrada fue tomada el martes 27 de enero en la estación Emilio Mitre de la línea E del subterráneo de Buenos Aires, con un teléfono Siemens SL-55.
Comer y viajar
Sin categoría Enero 29th, 2004
¿Porqué el programa de televisión de Lonely Planet eligió al cuy (cuis para los argentinos; creo que conejillo para los ecuatorianos) como la comida más asquerosa del mundo? ¿Porqué a alguna gente le provoca repulsión cuando les contamos que hemos comido rostro asado en Oruro, hormigas en Colombia, gusanos o masato en Perú? Como tantas cosas, lo que comemos no es producto de una elección puramente individual. Más bien, escogemos entre una selección amplia pero limitada de productos “socialmente aceptables” para comer.
El problema del cuy es su aspecto de roedor. Pero su carne es muy blanca y blanda, y francamente muy rica. Pero la comida no sólo impresiona al paladar. Entra por los ojos, y se asocia a nuestras formas de ver el mundo -las nuestras y las del grupo / los grupos a los que pertenecemos.
Viajar es, como sabemos, una forma extremadamente interesante de ponernos en contacto con nuevos sabores y olores. Pero estos dos sentidos son políticamente poco correctos: si un olor nos desagrada, no podremos convencer a nuestra sentido olfativo de que lo acepte. A lo sumo, llegará el momento en que ya no lo percibiremos más.
La comida es, además, otro de los puntos sobre los cuales se asienta la gastada dicotomía entre viajero y turista. El primero de ellos se arriesga a probar cosas nuevas, no importa si parecen horribles a la vista. El segundo, en cambio, se la pasa visitando McDonald’s y rechaza comer cualquier cosa nativa por miedo a enfermarse o simplemente no le gusta. Esta división es, en el fondo, poco interesante. Más bien lo que importa es estudiar cuales son las prácticas que los turistas / viajeros llevan adelante cuando viajan, y cuales son las construcciones de sentido que arman alrededor de las comidas que deciden probar. Porque en el fondo, hasta los McDonald’s son diferentes, de acuerdo al país que uno decida ir.
Turismo 2004: ¿y ahora qué pasa?
Sin categoría Enero 29th, 2004
¿Cuáles son las perspectivas para el turismo global en 2004? Si atendemos las declaraciones de los funcionarios de la Organización Mundial del Turismo, hay que ser optimistas. Razones no les faltan; al parecer, la epidemia del SARS ya no es tan alarmante como hasta hace unos meses, y todo parece prever que Asia recuperará la senda del crecimiento. Salvo, claro, que el SARS vuelva con todo o suceda algún otro desastre imprevisible. Si Asia levanta, lo más probable es que las cifras vuelvan a dar positivas.
Pero por otro lado persisten una serie de dudas. ¿Se recuperará América del Norte de tres años consecutivos de caídas? Las cada vez más duras condiciones de ingreso a Estados Unidos ya han espantado a más de un turista, y las cosas no parecen mejorar por ese lado. Y si Europa, el principal destino mundial, continúa estancado, entonces el crecimiento de Asia podría terminar neutralizado.
América del Sur también es una duda. Díficilmente la región pueda repetir la performance de 2003, basada sobre todo en el excelente desempeño de Brasil y Argentina, que han hecho de su tipo de cambio una clara ventaja competitiva. Agotado ese impacto, ahora habrá que crecer con otras herramientas.
Por cierto, no lo mencioné en la noticia que escribí ayer no di este dato: el total de turistas de 2003 fue de 694 millones.
2003: el turismo sigue en mala epoca
Sin categoría Enero 28th, 2004
Hoy se conocieron las cifras globales sobre el turismo en 2003 que brinda la Organización Mundial del Turismo (OMT). El resultado vuelve a marcar el débil estado por el que pasa este mercado: la cantidad de viajes cayó un 1,2%, el peor resultado de la historia. Un golpe bastante duro para un segmento de la economía que hasta hace no mucho estaba acostumbrado a crecer a tasas superiores a las de la economía mundial.
El gran perdedor del año ha sido Asia. Afectada por la aparición del SARS, la cantidad de turistas allí cayó un 9%. El número impresiona: 12 millones de visitantes menos. Un poco por debajo, América del Norte perdió un 5%, y acumula su tercer período consecutivo de pérdida de turistas.
El ganador, aunque no lo crean, ha sido América del Sur, que subió un 12% de la mano de la sensible mejora del turismo en Argentina y Brasil, que ofrecen valores convenientes para quienes llegan con dólares. El Caribe también mostró buenos resultados, con un crecimiento del 8%. Oriente Medio y ?frica también han experimentado un buen año, con subas del 10% y el 5% respectivamente.
Europa tuvo crecimiento cero, y mantuvo la misma cantidad de viajeros que en 2002. De todos modos, Europa Occidental ha visto caer en un 3% la cantidad de llegadas, debido a que el valor del euro hace más caro viajar a esos lugares.
Para los próximos días espero escribir algunas entradas más, concentradas en las distintas regiones, a medida que se vaya liberando la información de la Organización Mundial del Turismo.
Por cierto, también queda por abordar algunas de las razones que han llevado que el mercado del turismo haya experimentado este descenso, más allá de hechos puntuales como la epidemia del SARS en Asia.
El informe de la OMT se puede ver en esta página.
Mi mochila
Sin categoría Enero 27th, 2004
Esta historia empieza un buen tiempo atrás. En febrero de 1999, me encontraba en Quito. La mochila que llevaba, muy pequeña, estaba destrozada. Era un modelo barato, que había adquirido por pocos pesos en una feria callejera en el barrio de Retiro, en Buenos Aires. Aquella mañana de febrero salí a pasear por Quito y me encontré con una casa de camping. Aproveché para mirar los precios. En aquellos tiempos, Ecuador tenía un cambio muy favorable para los argentinos, y sus precios nos parecían muy atractivos. Ahora, es todo lo contrario, y los ecuatorianos vienen de paseo para aquí.
Comencé a mirar las mochilas y me encontré con un modelo que me interesaba. Su costo era muy interesante: 36 dólares. Era marca “Cotopaxi”, y en la etiqueta decía estar fabricada en Ecuador. Ya conmigo, la mochila regresó completamente cargada en el camino de regreso, por tierra, hacia Buenos Aires. Así, pasó por por Perú y Chile antes de llegar a casa. En ese viaje, visitó las playas de Atacames y miró el paisaje desde el techo de un tren en Riobamba -ambas localidades situadas en Ecuador-; luego tuvo la oportunidad de ir a ver las líneas de Nasca, de ser revisada hasta el último milímetro por los carabineros en Arica, y de conocer Santiago de Chile.
Después, desde ahí la mochila no se detuvo mucho, al menos hasta 2002. Entre 1999 y 2000 paseó por Bolivia varias veces; se entretuvo en La Paz, en Potosí, en Coroico, en Sucre. Se llenó de libros, y pesaba como si estuviese hecha de piedra. Se fue, en 2001 y 2002, a Perú. Paseó por la selva, por las montañas, y anduvo de casa en casa en Lima. Visitó el norte argentino, y hasta hizo dos paseos por Estados Unidos. Se entretuvo unos cuantos días en Denver, y luego conoció Los Angeles.
En los últimos meses, y gracias a la devaluación argentina, la mochila se ha quedado en Argentina. Hemos estado poco movedizos, pero a pesar de eso hasta se hizo una escapada en noviembre del año pasado a la Patagonia, donde pudo ver el Lago Lácar y paseó bajo la helada lluvia de San Martín de los Andes.
A pesar de los difíciles caminos que ha debido recorrer, la mochila luce en perfecto estado. No tiene ni una correa rota. Realmente es de excelente calidad. Por cierto, y a pesar de buscarla, no he encontrado la página web de Cotopaxi por ningún lado. ¿Existirá aún? ¿Habrá sobrevivido a la tremenda crisis económica de Ecuador, allá por 2000?
En la foto, la mochila regresa a casa después de su más reciente viaje a Neuquén, Argentina, en noviembre de 2003.
Norte de Perú
Sin categoría Enero 26th, 2004
Hace unos dias, Martín dejaba un comentario sobre su intención de recorrer el norte de Perú. Prometí una entrada sobre el tema, que aquí va (Juan, se reciben acotaciones en los comentarios si te interesa aportar algo).
Hay dos formas de salir hacia el norte desde Lima. La más directa, por la costa, es Trujillo, una ciudad de la que ya hablé en posteos anteriores. La otra es irse para el lado de las montañas, hacia Huaraz y Caraz. Recomendaría no perderse esta ruta. Es francamente fantástica. Además, se puede visitar Chavín de Huantar, un interesante sitio arqueológico con unas cuevas interesantísimas. Hay que ir en micro desde Huaraz -son unas tres horas de viaje.
Otro punto para no perderse del norte de Perú es Chiclayo. Aunque en realidad debería hablar con más exactitud: Lambayeque. Allí se encuentra la tumba del Señor de Sipán, uno de los más interesantes legados prehispánicos de Perú.
Cajamarca es otro punto obligatorio. La ciudad se encuentra en una especie de valle entre las montañas, y es realmente muy bonita. Allí se encuentra la famosa habitación que Atahualpa prometió llenar de oro para obtener su libertad. Por cierto, hay que llegar en la semana, porque los fines de semana está cerrada.
Debo reconocer que Piura, otra ciudad del norte de Perú, no me gustó. Hacía un calor infernal, y no encontré mucho más para hacer que salir hacia Tumbes. Pero si alguien conoce cosas interesantes que hacer en la zona, que avise. Y los que lean esto, y son de Piura, no se enojen
. Más bien busquen demostrarme que estoy equivocado.
Como ciudad, Tumbes no tiene mayores atractivos, pero cerca se encuentra la playa más bella de Perú: Máncora. Realmente vale la pena visitarla. Está llena de limeños que van a hacer surf.
Reconozco que me quedé con las ganas de conocer Kuelap, la ciudadela de los chachapoyas. Ahí si que no puedo ayudar. Creo -aunque habría que averiguar- que se puede ir en micro desde Trujillo. Hasta lo que sé, los caminos son complicados, pero eso es bastante usual en ciertas zonas de Perú, en particular las montañosas.
Por cierto, si piensan ir a la selva, el destino obligado es Iquitos. El tema es que hay que ir en avión, ya que no hay rutas hasta allí. No sé cual será el costo actual, pero en 2001 era de más o menos unos U$S 150 el pasaje ida y vuelta. Pero si piensan ir a la selva, avisen y hago una entrada más detallada, porque lo merece.
Otro punto interesante es Huancayo. Realmente, ir allí es conocer el Perú no turístico. Se puede ir en tren a Huancavelica y a Cerro de Pasco. Si alguien tiene datos para agregar en esta parte,será bienvenido.
Varias aclaraciones importantes. En primer lugar, el norte de Perú no es tan “turístico”. Al menos, no tanto como Cusco. Por lo tanto, no encontrarán tantos turistas en el camino, excepto alemanes, que están por todos lados
. En cierto sentido, la explotación de estos lugares en términos turísticos es mucho menos intensa que en el sur de Perú.
Nada que ver de lunes: Invisibles
Sin categoría Enero 26th, 2004
¿Los blogs serán realmente exitosos en tanto su base tecnológica se torne “invisible” para los usuarios? En cierta medida, esto es lo que se propone en una entrada que hacen en Atalaya, a partir del tema de los feeds en My Yahoo! Esta afirmación es interesante. Entre quienes hacemos blogs, la diferencia con otro tipo de páginas Web -portales, sitios de noticias, páginas personales, etc- es muy importante. Sin esa distinción, la sensación es que perderíamos identidad y seríamos absorbidos por el resto de la Red.
Pero la verdad es que aún hoy la mayor parte de los usuarios sigue sin saber que es un blog. Y me arriesgaría decir que la mayoría los lee como simples sitios de Internet.
Y hacia adentro, la cuestión de como definir un blog es compleja. Hay muchos sitios en Movable Type que parecen más un portal que un blog tradicional ordenado cronológicamente por entradas. A pesar de ello, siguen apareciendo clasificados como blogs.
En otras ámbitos, el soporte tecnológico es casi invisible. Por ejemplo la telefonía celular es una verdadera pesadilla de estándares, siglas e incompatibilidades. Pero al usuario mucho no le importa si el móvil es GSM o CDMA, o 2,5G ó 3G. Lo que quiere saber es si podrá comunicarse en todos lados y cuanto costará la terminal y el abono mensual o las tarjetas prepagas. En el fondo, la infraestructura que sustenta la telefonía móvil es casi invisible para el consumidor.
¿Tendremos que llegar a algo similar en el terreno de los blogs? ¿La popularización de esta herramienta tendrá como costo su desaparición como categoría para la mayor parte de los usuarios?










